Falso nacionalismo de la 4T en materia energética

 

Por Salvador García Juárez*

(Articulista Invitado)

El presidente Andrés Manuel López Obrador durante una de sus conferencias mañaneras anunció que defenderá la política energética del país frente a la iniciativa privada, frenando los proyectos de energías renovables –lo que puede interpretarse como un tipo de expropiación-.

Con el decreto presidencial emitido hace unos días, se impide el desarrollo de un total de 44 proyectos de energías eólicas y solares en 18 estados del país y que representa una inversión de 6 mil 426 millones de dólares.

En los países desarrollados, el uso de energías sustentables representa un importante ahorro, siendo hasta 95% más económicas que las producidas por la Comisión Federal de Electricidad (CFE), por lo que con la cancelación de los proyectos de energías renovables, más temprano que tarde, podrá impactar con un incremento sensible en el consumo de los recibos de luz doméstica y comercial en todo el país.

Otro punto importante en la generación de energía es el tema de la salud. Una política irracional de extracción, consumo doméstico y exportación de crudo, significa altos riesgos para la salud de los mexicanos.

El cuerpo no aguanta tanto elemento tóxico como arsénico, mercurio,  metano y dióxido de azufre, originados por la quema de combustibles fósiles por los autos particulares, principales generadores de contaminantes atmosféricos y transporte de carga en ciudades como México, Monterrey y Guadalajara, entre muchas otras.

Diversos estudios llevados a cabo por instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), o el Instituto Nacional del Petróleo (INP) señalan, que el más grave daño que estos peligrosos contaminantes lanzados al medio ambiente representan la muerte de 25 mil mexicanos cada año –niños, adultos, personas de la tercera edad- que, fallecen de manera prematura por alta contaminación derivado del uso de energías fósiles.

Tan solo en el Valle de México, en la semana que comprende del 18 al 23 de mayo, a consecuencia de las restricciones impuestas por la pandemia del coronavirus se redujo la actividad de empresas y la circulación de autos en 70%; sin embargo, la concentración de dióxido de azufre se mantuvo elevada, debido en gran medida a la quema de combustóleo en la Termoeléctrica de Tula, en el Estado de Hidalgo.

Si comparamos los 25 mil decesos ocasionadas al año por combustóleo, contra las “cifras oficiales” de 4,767 personas fallecidas hasta el 15 de mayo por coronavirus, representan cinco veces más que el total de muertes por COVID-19 hasta la fecha mencionada.

La negativa del presidente López Obrador, al uso de energías limpias, podría  interpretarse como otra fobia, o un nuevo capricho, a lo que es difícil que nos acostumbremos los mexicanos, porque cada vez nos están resultando más caros. Tan solo la liquidación de contratos del Aeropuerto de Texcoco costó 75 mil 223 millones de pesos al país.

Con la cancelación de la Cervecera Constellation Brands, en Mexicali, Baja California, que ya había invertido aproximadamente 900 de los 1,400 millones de dólares proyectados, en caso de no llegar a un arreglo con el gobierno federal, podría representar una nueva indemnización por miles de millones de dólares por pago de daños y perjuicios ocasionados, además de 30 mil empleos perdidos.

Y va la tercera: con la cancelación de los 44 proyectos de energías renovables en todo el país, ya se prevé un alud de demandas y mismo número de pagos millonarios que nuevamente saldrá del bolsillo de los mexicanos -no del huésped de Palacio Nacional-, sin contar la pérdida de atractivo que representará México a la inversión extranjera directa, con todas sus implicaciones en materia de pérdida de confianza, inversiones, empleo, etc.

La decisión de AMLO, de cancelar el desarrollo de proyectos de energía limpia, justificando el trabajo de las paraestatales Pemex y CFE  como un acto patriótico y de justicia, cubriéndolas en la bandera del nacionalismo, es muy desafortunada.

La realidad es que frente a la caída de los precios del petróleo a nivel internacional y la baja en su consumo, Pemex no tiene capacidad para almacenarlo. De ahí, surgió la brillante idea de generar energía eléctrica quemando combustóleo.

En Europa, debido al grave cambio climático que ya se manifiesta en todo el mundo, desde hace años estos países han volteado la vista hacia el uso de energías limpias, con la intención de proteger la salud de sus connacionales.

Algo similar sucede en Estados Unidos, donde por primera vez en su historia está en camino de producir más electricidad este año a partir de energía renovable, según muestran proyecciones del propio gobierno norteamericano.

La cuestionable decisión del presidente Andrés Manuel López Obrador de basar su política energética en la explotación y uso de combustibles fósiles como el petróleo y carbón altamente contaminantes, violenta las tendencias mundiales de protección al medio ambiente, y la agenda del cambio climático establecida previamente con los países de todo el mundo.

Más grave aún, es que se condena a una población extremadamente vulnerable a enfermedades respiratorias y a la muerte. Esta política equivocada puede ejemplificarse, cuando al paciente que acude al hospital para que le administren oxígeno, deciden cambiárselo por un tanque de gas LP y regalarle un cerillo para que decida si muere por más contaminación o por la explosión.

* Presidente del Consejo Nacional de Defensa a la Ciudadanía A.C.

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