Revelaciones: ¡Ya no hay guerra!

Por Jorge Octavio Ochoa.- Por la forma en que se está desarrollando el conflicto de los maestros en Michoacán y la manera en que se pretende resolver la crisis de seguridad, podemos ver que las cosas no han cambiado mucho en México… ni cambiarán.

El Presidente de la República anunció como si se tratase de un decreto divino, que «la guerra ha terminado», que «no se va a reprimir a la población». Si esto es cierto ¿para qué quiere militarizarnos con una Guardia Nacional? ¿Por qué una enmienda constitucional para ampliar la prisión preventiva oficiosa?

Si ya todos somos parte de ese «pueblo bueno» ¿por qué quiere mantener suspendida sobre nuestras cabezas esa espada de Damocles? Hay una doble lectura preocupante en todo esto: o hay un abierto armisticio frente al crimen organizado o se viene una ola de represión subterránea como en los 70s.

Lucio Cabañas y Genaro Vázquez Rojas hoy vienen a ser las figuras de los diletantes que buscan una transformación social a fondo, pero que nada tienen qué ver con un sindicalismo corrupto que hoy permea a nuestro país, principalmente en los gremios relacionados con el gobierno.

En los hechos, pareciera que hay tolerancia del nuevo régimen, al puro estilo del viejo PRI, porque no es políticamente correcto pretender llevar al orden a un gremio que ha llevado al extremo la lucha sindical para trasladarla a los manuales de guerrilla urbana – recuerden Oaxaca -. Ellos lo llaman reprimir.

También, al puro estilo priista, López Obrador ahora lanza este armisticio, que por momentos huele a derrota, pero que en los hechos sólo se parece al reacomodo de los cárteles por estados y zonas, respetando cada uno el territorio de los otros, tal y como lo hizo el PRI durante años.

En suma, no son sólo los cárteles del crimen organizado los que llevan agua a su favor en esta 4a Transformación. Hay también grupos de choque y subversivos, que chantajean nuevamente y se sirven del sabotaje para conseguir sus fines más aviesos, como el poder meter mano en las nóminas estatales y federal.

Hay una aparente de confusión, porque por momentos pareciera que el propio  régimen Lópezobradorista se encarga de enturbiar las aguas con una serie de medidas que animan a esos grupos, soliviantando voluntades y dividiendo más a la sociedad.

Ejemplo concreto: la Ley de Remuneraciones y el aumento a los salarios mínimos hoy ya se encuentra en las mesas de negociación de la esfera Sindical.

Trabajadores del sector educativo -incluido el nivel superior- piden no sólo la reducción de las jugosas percepciones de académicos, sino el reparto de este dinero entre las bases, amén del aumento al salario. Algo que pareciera «democrático», al margen del esfuerzo y capacidades de cada cual.

Decimos que hay una aparente confusión porque, en términos reales, esto ha permitido a López Obrador meter mano en todas las autonomías posibles: desde los poderes Legislativo y Judicial, pasando por los órganos electorales y hasta las Universidades.

El nuevo régimen de MORENA busca penetrar todos los espacios, influir en las decisiones, colocar rectores en instituciones de educación superior y empezar la siembra en la tierra prometida so pena de ser acusado, ahora sí, de traidor a la patria.

Aparentemente confunde conceptos entre aplicar la ley y reprimir, a sabiendas de que muchos de estos actos cometidos, justificarían plenamente la intervención de las Fuerzas Armadas y la suspensión de garantías individuales en amplias regiones del país.

Tanto el «huachicoleo» como el bloqueo de vías de comunicación estratégicas están penadas en la Constitución. En ambos casos se justifica y está permitida la intervención de militares.

Ese falso concepto de la «no represión», el diálogo y la tolerancia, más la inexplicable tardanza de 4 horas, fue lo que produjo 124 muertes en Tlahuelilpa. Por toda respuesta a su guerra contra el huachicoleo, le bloquean carreteras en Guanajuato, le colocan mantas intimidantes ¡Y él dice que «se acabó la guerra»!

Cree que con 6 mil pesos mensuales convencerá a los que arriesgan su vida por esos seis mil pesos diarios.

No ha cambiado mucho la cosa en México: acciones y anuncios espectaculares al inicio de cada sexenio; encarcelamiento de unos y liberación de otros (Elba Esther Gordillo y Guillermo Padrés); chantaje, sabotaje, traición. Sigue siendo la misma dosis.

Cuidado, señor Presidente. Ojalá usted esté seguro de todos quienes le rodean. De lo contrario a mitad de sexenio usted podría perder algo más que un vuelo y dejar en manos de vulgares ambiciosos esas vidas que usted, buenamente, pretende sembrar.

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