TRAS BAMBALINAS: ¿Cuarta transformación o transformación de cuarta?

Por JORGE OCTAVIO OCHOA.- El sainete protagonizado por Gerardo Fernández Noroña contra Porfirio Muñoz Ledo y el desbarro en el Senado sobre la licencia al gobernador de Chiapas, son apenas un atisbo de lo que puede ser el ejercicio del poder con la amalgama de partidos e intereses aglutinados en esa nueva corriente llamada MORENA.

En cínico contubernio, el martes pasado mientras en el Senado se negociaba la licencia de Manuel Velasco para dejar su escaño y regresar a Chiapas ¡como gobernador sustituto!, en el recinto de San Lázaro 5 diputados anunciaban su renuncia a la bancada del Partido Verde para convertirse en renacidos MORENISTAS.

Mágicamente, MORENA alcanzó en ese momento 252 curules. De mayoría absoluta, ya sólo necesita la subordinación del PT y PES para tener la mayoría calificada, en un arreglo político que, por si alguien tenía dudas, allana todo obstáculo a los deseos del futuro Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador para modificar la Constitución, aunque prometió no hacerlo en los primeros 3 años.

Este jaloneo se da en medio de una sorda pugna de poder y protagonismo entre los líderes de MORENA Martí Batres y Ricardo Monreal que de plano se quedaron con el control total del Senado con la presidencia de la Mesa Directiva el primero y Ricardo Monreal en la Junta de Coordinación Política (JUCOPO). Lo mismo hicieron en la Cámara de Diputados con Porfirio Muñoz Ledo y Mario Delgado, aunque el reglamento interno aparentemente lo impedía.

En este trance para lograr sus objetivos, los líderes de MORENA no tuvieron empacho para torcer leyes y formas porque en México, ya sabemos, todo es “asunto de interpretación”, incluso la amistad. Entre políticos ésta existe mientras se está en la cumbre. Después las cosas cambian.

Y si no me cree, vea un claro ejemplo de la porquería que envuelve a algunos: Manuel Velasco era tan amigo del Presidente Enrique Peña Nieto, que éste citó un día a la entonces senadora María Elena Orantes y le pidió declinara su candidatura del PRI por la gubernatura de Chiapas en favor de su «entrañable amigo» que, además de todo, ni siquiera era del PRI.

Como en México nadie se puede oponer a los deseos de un Presidente de la República, ella tuvo que retirarse. Hoy, a la vuelta de los años, esta es la forma en que le paga Manuel Velasco no sólo a su amigo, sino al partido que le abrió el espacio. Pero, en descargo, podemos decirle que en este caso el PRI apoyó en el Senado esta grotesca farsa de licencia que se convierte en el primer foco de las alarmas sobre apetitos totalitarios.

El sainetito del Senado fue: «puente para la impunidad de los que se van y consolidación para los que llegan». Es por eso que «corazoncito» no quiso responder pregunta alguna sobre este tema a las reporteras profesionales, que cada tarde lo esperan a la salida de la nueva sede presidencial.

MORENA no tuvo recato alguno para recibir a los 5 diputados verdes, a pesar de que estos violan las tres principales máximas Lópezobradoristas: No robar, No mentir, no traicionar al pueblo. Estos ilustres robaron el voto de priistas y mintieron a sus electores pues quizá muchos de ellos querían todo menos a MORENA. De esta forma traicionaron al pueblo. «¡ternuritas».

Esto, «en lugar de Cuarta Transformación, pinta para ser una Transformación de cuarta», dice mi amigo el gurú.

Así, fuera de orden o en pleno desorden, MORENA y sus nuevos aliados se han encargado de dar el espectáculo sin ser oposición. O quizá precisamente porque la oposición no existe o está tan confundida y en depresión, que no saben si cambiar el nombre, los colores, la dirección o el código postal. PAN y PRI ni se ven, ni se notan.

Marrullero, vociferante, golpeador y con ridículas actitudes porriles a sus más de 50 años, Gerardo Fernández Noroña fue el encargado de abrir esta caja de pandora, arremetiendo contra uno de sus aliados en medio de otra puesta en escena de la disputa del poder que se desató en San Lázaro, porque ahora todos quieren ser jefes: Pablo Gómez, Dolores Padierna, que también pretendían la coordinación de la bancada de MORENA o la Presidencia de la Jucopo.

Cuando estaban en esa disputa fue que ocurrió el NOROÑAZO, quien acusó de traidores a Muñoz Ledo y al Senador Martí Batres por haber acompañado a Peña Nieto en su último mensaje de Gobierno, sabedor de que las leyes los obligan.

Pero, empeñado en poner en tela de juicio y debilitar el liderazgo de Porfirio como Presidente de la Mesa directiva, Noroña le reclamó en el mismísimo salón de plenos por las «agresiones» que recibió de parte del Estado Mayor Presidencial en Palacio Nacional, a donde se presentó cuando el Presidente Peña daba su informe.

Esto degeneró en la primera disputa pública entre los miembros de ese nuevo partido

–No le voy a conceder el uso de la palabra porque usted fue el agresor –dijo Muñoz Ledo– No le voy a escuchar.

Fernández Noroña, entonces, llamó “cobarde” al presidente de la Mesa Directiva. Se paró frente a él.

–¡No le voy a tolerar su falta de respeto, su insolencia! – le dijo.

–No soy insolente. Usted es un golpeador –le reviró Muñoz Ledo.

“No me falte al respeto porque somos pares”, le dijo Noroña desde su curul y le exigió el uso de la palabra.

“No le voy a conceder el uso de la palabra, no permitiré que usted ponga desorden en este Congreso”, le respondió Muñoz Ledo y acusó que él fue el agresor. “Usted es el golpeador”, le dijo.

En San Lázaro era el mundo al revés. El instaurador de las «interpelaciones», el creador del «corral de la ignominia» para los reporteros y fotógrafos -junto con Pablo Gómez- ahora le pedía «respetar el orden del recinto». Porfirio se veía descompuesto, ridículo, fuera de época, incómodo, porque sus propias palabras se le atragantaban como si fuera a regurgitar.

Así, con una velocidad impresionante, mucho antes de lo que se esperaba, las disputas de poder, las ambiciones y el protagonismo entre altos dirigentes de MORENA empiezan a aflorar en pleno arranque de los trabajos de la 64 Legislatura del Congreso de la Unión.

En lo que constituye un primer reproche a sus correligionarios, Andrés Manuel López Obrador ya dio un manotazo y llamó al orden a los legisladores de MORENA.

«No pierdan el decoro, mucho menos que haya excesos y  que no se humille a nadie en las Cámaras.

«Estoy haciendo una recomendación respetuosa a los legisladores de que si van a llegar los secretarios del gobierno actual a comparecer, como lo establece la ley, pues que se les  cuestione, se les critique pero con respeto, que no haya excesos y que mucho menos se humille a nadie», enfatizó.

«Se tiene actuar con mucha responsabilidad y no perder el decoro porque no se puede actuar ya de esa manera, nunca ha sido nuestra forma y hemos sido opositores y fuerte, pero siempre hemos sido respetuosos».

El mundo al revés otra vez. Él, el inaugurador de la toma de tribunas hasta el límite -«El movimiento es una vacilada, el movimiento soy yo»- no sólo pide a sus correligionarios guardar el orden y la compostura, sino que hace reconocimientos al gobierno saliente: «no hay un país en crisis política, ni financiera».

«Hay problemas, es público, es notorio que hay una crisis en el país, pero también se ha logrado que la transición se esté dando en armonía, con estabilidad. No hay crisis política, no tenemos una crisis financiera, no está pasando lo que está pasando desgraciadamente lo que está sucediendo en Argentina.

«Eso también hay que considerarlo, sí tenemos problemas graves, hay mucha pobreza, sobretodo mucha inseguridad y mucha violencia, pero hay condiciones también porque hay ánimo de esperanza de la gente, de que las cosas van a mejorar, van a cambiar».

¡Que ganas de creerle! Pero si seguimos por el camino de la farsa, esto tarde o temprano terminará en tragedia.

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