Los sultanes petroleros: corrupción y gasolinazo
La sociedad petrolera de Jorge Díaz Serrano con el viejo George Bush, patriarca de los antiguos republicanos –los de a deveras– rindió frutos. Permargo, la empresa cuya torre de oficinas que se ubicaba en la capitalina esquina de Culiacán e Insurgentes, fue suficiente para que las compañías tradicionalmente productoras del crudo mexicano le tuvieran al sonorense la confianza debida para puentear sus actividades en México.