Dos casos de insolencia: Virgilio Andrade y David López
Virgilio Andrade, habilitado cual “tapadera” del peñato desde la inútil Secretaría de la Función Pública, tendría como obligación vigilar el estricto comportamiento ético y los manejos económicos de los fruncionarios, pero no lo hace; es una auténtica lástima. Se queja de las críticas. No se aguanta. Por lo que alguien debería recordarle uno de los refranes mexicanos más socorridos: “para qué te metes de payaso, si no aguantas las carcajadas”.