TRAS BAMBALINAS. Aunque no les guste

Por Jorge Octavio Ochoa

Reportero, cronista, columnista durante más de 30 años en los periódicos EL DÍA, UNOMASUNO, EL UNIVERSAL, QUADRATIN. Asesor de Comunicación Social en la antigua Secretaría de la Reforma Agraria (SRA) hoy Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU) y asesor de la Dirección en Jefe del Registro Agrario Nacional (RAN) hasta diciembre del 2015. Especialista en manejo de redes y estrategias de comunicación masiva. Licenciado en Periodismo en la Carlos Septién García, con estudios en Relaciones Públicas y Comunicación de Masas en la Universidad Latinoamericana.

López Obrador inició su sexenio en medio de una desgracia en Tlalhuelilpan, Hidalgo, donde reventó un ducto de gasolina de alto octanaje, lo que en México se conoce como “Huachicoleo” y que mató a 73 personas, envueltas en llamas.

Ahora cierra su mandato con otro estallido, que revela otra mentira, difundida sin más respaldo que la palabra del presidente. El robo de combustible sigue a todo lo que da, incluso después de la muerte de Sergio Carmona.

En septiembre del 2019, nueve meses después de la desgracia, declaró que ya se había acabado con la ordeña de ductos. Hoy, al cierre de su mandato, revienta otro ducto, se derraman 5 millones de litros de gasolina. ¿Cuál avance?

Su régimen está contra la pared. El crimen organizado se ha extendido y es más violento, pero el presidente dice que “el narco es pueblo” y “aunque no les guste, seguiremos la política de abrazos, no balazos”.

Esa es la respuesta a los ciudadanos, no a los adversarios, porque quienes se lo reprocharon fue gente “de a pie”, que se lo imprecaron al paso de su lujosa camioneta, en una de las ya pocas giras en las que se mezcla con la gente.

En una semana brutal, nefasta para la familia Monreal (a quienes expresamos nuestras sinceras condolencias), fueron asesinados arteramente Juan Pérez, cuñado de Ricardo Monreal, hermano de su esposa.

Un día más tarde fue acribillado Jorge Antonio Monreal Martínez, sobrino del gobernador de Zacatecas, David; del alcalde de Fresnillo, Saúl y del senador Ricardo Monreal. Ambos hechos ocurrieron en Fresnillo, Zacatecas.

Los dos trabajaban en la Dirección de Desarrollo Social del ayuntamiento. Pueden tomarse, por tanto, como mensajes directos del crimen organizado a tan sólo cuatro meses de las elecciones más complejas de la historia de México.

En las redes sociales, está la evidencia de cómo Ricardo Monreal fue acosado y vilipendiado por los propios morenistas, desde que expresó su aspiración de contender por la candidatura presidencial.

Incluso algunos grupos lo culparon de la inesperada derrota en el 2021, cuando Morena perdió la mitad de la capital de la república, que la izquierda ha gobernado desde hace 27 años. Nunca miraron hacia Claudia Sheinbaum.

Aseguraron incluso que él fue quien impuso a Sandra Cuevas en la delegación, ahora Alcaldía Cuauhtémoc, e intentaron removerlo de la coordinación de senadores de morena, encabezados por el senador César Cravioto Romero.

Los grupos y los clanes que se habían enquistado en el PRD, se trasladaron a la estructura de Morena, incluso con vínculos más nefastos, que hoy se miran a simple vista, en el caso de Guerrero, por ejemplo.

El crimen organizado los ha penetrado, y en ese estado no se ve la presencia de ninguno de los tres niveles de gobierno, ni mucho menos de Morena, desde antes y después de que los azotó el huracán Otis.

En Acapulco, la semana pasada, los lugareños miraron indefensos, como se incendió un club de playa y asesinaron al gerente del mismo, en medio de una impunidad absoluta y la inacción de la alcaldesa Abelina López y de Evelyn.

Los destrozos de la criminalidad son evidentes, pero López Obrador defiende a sus gobernadores: Evelyn Salgado, Cuauhtémoc Blanco, Cuitláhuac García, como si fueran realmente luminarias de la administración pública.

EN ABIERTO DESACATO

Así, a la luz de lo que ocurre en México, el presidente López Obrador está actualmente en abierto desacato judicial a un fallo de la Suprema Corte, y está en franca ruta de violar al menos tres derechos Constitucionales.

  • Protección de las libertades
  • Garantía de derechos políticos
  • Transparencia

 

Todo ello, encuadrado en los artículos 4, 16 y 35, que versan sobre protección a la persona humana, garantías individuales y sociales; confidencialidad, transparencia, eficiencia, protección de las libertades, derechos políticos.

De hecho, la brutal declaración del mandatario, de que “el narco es pueblo”, debería mover a profunda preocupación y a un debate sobre los derechos de unos y otros, porque muchas comunidades han sido desplazadas por cárteles criminales.

Más de 20 mil personas han sido despojadas arteramente de sus tierras, casas, animales y bienes, por grupos que se disputan regiones en Michoacán, Guerrero, Zacatecas, Veracruz, Chiapas, Sinaloa.

La forma como ha ocurrido esto, ha sido incluso a través de verdaderos actos de terrorismo, sólo equiparable a lo que se ve en otros países en conflicto. México es el único que, en medio de la paz, tiene ya más de 180 mil muertes brutales.

El principio del derecho indica que, cuando un sujeto se coloca al margen de la ley, se convierte en delincuente y, por ende, pierde sus derechos civiles, lo que significa que, técnicamente, deja de ser “pueblo”, como le gusta a él llamarlo.

Pero el rostro autoritario ya afloró en todo su esplendor, hace unos días, cuando el gobernador de Morelos, Cuauhtémoc Blanco fue abucheado, López Obrador simplemente respondió: “Ya les dije, no me importa. Es mi opinión”.

Entonces, mexicanos, como dicen los criminales en los barrios bajos: “ya se la saben, aunque no les guste”.

 

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