TRAS BAMBALINAS. Colaboracionismo exitoso
Por Jorge Octavio Ochoa.
En Estados Unidos, el gobierno de Trump está feliz con el colaboracionismo de la administración Sheinbaum en el combate al narcotráfico y crimen organizado. Hasta el 23 de enero pasado, ha entregado un total de 95 presuntos líderes y operadores del narcotráfico en un año.
Entre los más destacados se encuentran: Pedro Inzunza, “El Señor de la Silla”; Armando Gómez, “El Delta 1”, del CJNG; José Luis Sánchez Valencia, “El Chalamán”, familiar de “El Mencho”; Daniel Alfredo Blanco, “El Cubano”, operador logístico del Cártel de Sinaloa.
El jueves 22 de enero fue capturado también, aunque no entregado a los EEUU, uno de los más importantes criminales, César Alejandro Sepúlveda Arellano, El Botox, responsable de extorsiones a los limoneros y aguacateros, así como del asesinato del líder de los limoneros, Bernardo Bravo.
Sheinbaum dice que estas acciones responden a “decisiones soberanas”, pero coinciden con las presiones de Donald Trump. La última entrega de 37 criminales, de altísima peligrosidad, coincidió con el aterrizaje de un avión militar estadounidense en suelo mexicano, del que no se tenía información.
La PresidentA tuvo que dejar pasar un día para tratar de explicar ese vuelo “de rutina” del domingo antepasado, que el Senado tampoco pudo aclarar. Una semana después, se reportó otro arribo, el viernes 23 de enero pasado, cuando un avión del FBI aterrizó en el aeropuerto de la Ciudad de México.
Trascendió que la nave era del Departamento de Justicia del Gobierno de Estados Unidos. Nadie aclaró ni desmintió. Esto deja nuevamente sin discurso a los militantes de la 4T. En ese avión fue trasladado desde la CDMX Ryan Wedding, ex jugador olímpico convertido en presunto narcotraficante de cocaína.
Fue capturado en México. Las autoridades estadounidenses dicen que fue una “detención”, parte de un “operativo” especial, muy delicado, en el que tuvieron la “colaboración” de las autoridades mexicanas. Omar García Harfuch declaró que el temible socio del Cártel de Sinaloa se entregó en la embajada de EEUU.
Sheinbaum reiteró que hubo “respeto a la soberanía”, “cooperación institucional”. Sin embargo, la narrativa de EE.UU. habla de una captura. En resumen, en el aire queda la duda, y ya son dos aterrizajes de naves militares, que revelan una presencia creciente de la inteligencia de aquel país en nuestro territorio.
Aunque el éxito es innegable, el pequeño “problemita” es que este “colaboracionismo” echa por tierra las diatribas de los morenistas que acusan a personajes como Lily Téllez, de pedir una “invasión” militar de USA a nuestro país, cuando el propio gobierno ya autorizó que pisen suelo mexicano.
Alguien miente. El Congreso y el Ejecutivo federal tienen mucho qué explicar. El “colaboracionismo exitoso” por momentos más parece resultado de las presiones que ha ejercido Donald Trump, que una cooperación voluntaria. Pero “haiga sido como haiga sido”, estas capturas dan un respiro.
Los limoneros y aguacateros de Michoacán quizá están más tranquilos. Eso se sabrá después del efecto “cucaracha” que sigue tras la detención de El Botox. Aun así, el éxito en materia de seguridad no será lo que propicie un ambiente de unidad nacional ante la Reforma Electoral que viene.
Seguramente, los partidos, todos, se repartirán nuevamente el botín y el recorte de prerrogativas y plurinominales, abrirán una nueva avenida de confrontación, en la que los ciudadanos somos simples transeúntes. Por el momento no veremos caer a la corrupta élite de políticos, incluidos 3 de los hijos del ex presidente.
Tampoco caerán gobernadores, como la de Baja California, el de Sinaloa, la de Veracruz o Campeche. Ni habrá más investigación tras el escándalo de las camionetas “machuchonas” para los ministros de la Suprema Corte, que resultaron más “aspiracionistas” que sus antecesores. Ahí viene la banda Cherokee, que más bien parece una horda de hambreados. La 4T ya admite cínicamente que “ellos”, (Morena-PT-PVEM) ya tienen la SCJN, el Poder Legislativo y las instituciones. Lo tienen todo: un poder sin control y, es claro, México no está en la mesa. Está en el menú