TRAS BAMBALINAS. TSUNAMI ELECTORAL.

Por JORGE OCTAVIO OCHOA. Es sorprendente, quizá alentador, ver cómo la ciudadanía se volcó en las oficinas del INE para obtener su credencial de elector. En gran medida, implica el ansia de salir a votar, más allá de perder el documento de identificación por excelencia en el México actual.

Esa efervescencia derrumba, además, el falso discurso de que el Instituto Nacional Electoral es un ente inútil que debe desaparecer. Millones de mexicanos comprobaron personalmente, la eficiencia, eficacia y dedicación del personal de ese organismo, que trabaja, sin tener garantía de su situación laboral.

Eso es lo que quiere desaparecer este gobierno que, dicho sea de paso, sólo dejará una cauda de fracasos y una serie de iniciativas póstumas, que además le marcan la ruta y le ordenan qué hacer a Claudia Sheinbaum, en caso de que ella ganara las elecciones presidenciales.

En términos llanos, le resta capacidad de iniciativa, la coloca como una mera secretaria que tendría que dedicar todo su sexenio para hacer realidad ese cúmulo de proyectos de ley que, dicho de paso, no serán aprobadas, porque Morena no podrá obtener la mayoría calificada, salvo que cometa un fraude descomunal.

Tan sólo en una semana, quedó en evidencia el enorme fracaso que representan el Tren Maya, Aifa, Mexicana, Dos Bocas, Megafarmacia y Tren Transístmico. El primero tuvo que abortar un viaje y regresar a Cancún a sus pasajeros; en el segundo se han cancelado tres rutas que resultaron insostenibles.

Mexicana no alcanza todavía el volumen de pasajeros para obtener por lo menos los gastos de operación; la refinería sigue sin producir nada; la bodegota sólo pudo repartir 67 recetas y el Tren que va del Golfo al Pacífico, que es el más alentador, sigue envuelto en conflictos legales.

En medio de este monumental fiasco del régimen, que involucra también las políticas de seguridad nacional e interior, salud, educación, el Ejecutivo Federal intenta desviar la atención sobre estos temas y además colocar otras falacias como asunto de inútil discusión en las campañas.

Pero, insistimos, la más perjudicada por esta estrategia es Sheinbaum, pues la coloca en calidad de auténtica CORCHOLATA, sin voluntad personal, porque todo se lo deja dictado el actual presidente. Para colmo, su partido acentúa esa falta de liderazgo, carisma e imagen, al concluir sus mítines ensalzando a López Obrador.

Lo positivo de esto es que hay un real interés de la gente por votar. Y no es cualquier cosa porque, en promedio, han tenido que esperar más de 5 horas para renovar su documento o reponerlo, en caso de robo o extravío. Pero han soportado el sol y la sombra para no regalar su voluntad.

Son buenas noticias, porque es evidente que la ciudadanía está enterada de los abusos e irregularidades en que incurrió el régimen, cobijado en ideas y proyectos que parecían de buena fe, pero que poco a poco se derrumbaron, como la Línea 12 o el pedazo de bloque de concreto del Tren Suburbano.

De este último, hoy se sabe que la empresa responsable de las maniobras en el tramo donde se desplomó, ha recibido más de 1,128 millones de pesos en contratos por Adjudicación Directa del gobierno de la Ciudad, con dirección fiscal en un edificio de departamentos.

En los estados también empieza a darse una insurgencia popular, tanto de ciudadanos como de militantes de Morena, que se sienten engañados por sus líderes locales. Uno de los casos más relevantes es el del Estado de Morelos, donde al pueblo le ha ido literalmente “de la patada” con Cuauhtémoc Blanco.

Allá, la secretaria de organización de ese partido, Luz Villa Figueroa, anunció su salida de Morena, junto con 500 comités. Todos ellos se van con Lucy Meza, ex morenista, quien ahora es candidata a gobernadora por el PRI-PAN-PRD, lo cual no es poca cosa porque Morelos es, ni más ni menos, la puerta de acceso del CO.

Vemos como Guerrero, Michoacán, Estado de México forman, junto con Morelos, una auténtica corona del Crimen Organizado, donde las bandas criminales no sólo imponen autoridades, sino que fijan precios en la producción de limón, aguacate, maíz, tortilla y cobran derecho de piso al transporte local y federal.

Interesante va a ser, la dialéctica del presidente de México el próximo 5 de febrero, cuando presente su falso paquete de iniciativas, mientras los autotransportistas se manifiestan en las carreteras federales, para protestar por la ola de 13 mil asaltos y asesinatos de que fueron objeto en el 2023, sin que la federación haga nada.

Pero no es sólo eso. A nivel internacional ya pululan análisis de lo que podría pasar en México en junio próximo, de prevalecer las actuales condiciones. Uno de ellos es el que presentó el Instituto de Políticas Públicas de la Universidad Rice, de los Estados Unidos.

En él advierten que el gobierno federal no sólo carece de una estrategia para enfrentar al narcotráfico y crimen organizado, sino que parece más inclinado a favorecer la intervención de estos para influir en las próximas elecciones, sobre todo en esos territorios donde ya tienen una amplia presencia.

Una muestra de ello es lo que ocurre en la frontera de Chiapas, donde más de 5 mil habitantes de Chicomuselo y La Concordia, han tenido que irse a causa de las amenazas de las bandas criminales, que además se disputan el territorio. Ya hay campamentos en Comitán, Socoltenango y Tzimol.

Vienen, pues, tiempos violentos, pero también de esperanza, por esa insurgencia ciudadana que parece estar surgiendo. Podría ser una oleada descomunal de votos. Un tsunami electoral. Ya veremos.

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