TRASBAMBALINAS.- Mexicanos al grito de… la mezquindad nos gana

Por Jorge Octavio Ochoa.- Como hace dos siglos, México se enfrenta nuevamente a las amenazas de la potencia más grande del mundo y, como en aquel entonces, nos encontramos nuevamente sin rumbo y sin líder.

Los llamados a la unidad quedaron en tímidas declaraciones, ya no de prensa, sino de twitter donde los anti Peñistas se dieron vuelo para desincentivar toda participación.

Lejos de plantear abiertamente todas las alternativas reales que tiene el país para enfrentar esta colosal amenaza, nuestros tristes comunicólogos lanzan mensajes difusos que no llegan a ningún lado.

Las naciones de América del Sur empiezan a solidarizarse con México; las potencias asiáticas han dado muestras de su interés por ocupar los vacíos que quiera dejar Donald Trump.

Alemania y varios países de la Comunidad Europea ven con buenos ojos el fortalecer sus alianzas con México pero, por alguna extraña razón, los encargados de la Comunicación Social de la Presidencia de la República no dan a conocer profusamente esos datos.

Pareciera que hay una intención manifiesta para permitir que ese ánimo de derrota y fracaso se apodere del ambiente y hoy la mezquindad y la indiferencia podría volvernos a ganar.

Hay quienes dicen que colocar una banderita en los perfiles de redes sociales y en las ventanas de nuestras casas, son actos infantiloides que no llevan a ningún lado y es entonces cuando uno piensa: “¿no será que los mexicanos merecemos este destino manifiesto?”

Desde las organizaciones sociales se disputaron el origen, la paternidad y el sentido de la llamada “megamarcha” y hubo muchos que la consideraron como un acto que sólo beneficia al “Peñato”.

Hay quienes no ven la situación actual como una emergencia nacional y dicen que Trump tiene razón y hasta derecho de deportar indocumentados y separar familias enteras aunque estas ya se hubieran ganado con trabajo y esfuerzo la nacionalidad.

Un México dividido es lo que se percibe hoy. No hay convencimiento de lo que se hace, porque los partidos se encargaron de minar con hechos y corruptelas esa confianza.

Hoy, cuando los líderes políticos debieran desfilar unidos con el pueblo para conducir y encausar este momento de incertidumbre, pareciera que a todos les ganó la mezquindad.

¿Dónde está el López Obrador que hace dos semanas ofreció apoyar al Presidente Peña Nieto para impulsar una estrategia anti-Trump?

¿Por qué no lanzar un manifiesto de medidas conjuntas para enfrentar el embate racista al que ha empezado a someter el Presidente de Estados Unidos a millones de mexicanos?

Eso no va a pasar, porque esos líderes políticos tienen la mira puesta en el 2018 y prefieren continuar sus alianzas mafiosas para erigir nuevos gobiernos.

Están contra el imperialismo y el capitalismo Yanqui, pero dentro del territorio nacional se asocian con las grandes familias de oligarcas y empresarios que han hecho del poder otro artículo de comercio.

Eso es lo que se ve a la luz de la impúdica alianza PRD-PAN en Nayarit, para postular al hijo del magnate refresquero y automotriz de la región que ya antes mal-gobernó esa entidad.

Fue el propio PRD, encabezado por el entonces líder Guadalupe Acosta Naranjo, quien se encargó de denostar al padre del candidato al que ahora postula su partido.

Ese es el México de los miserables, los mismos que se han hecho de la vista gorda para permitir que el narcotráfico prosperara y se convirtiera en toda una industria mundial.

Tamaña incapacidad sólo puede ser tan grande si está compartida y repartida en ojos ciegos y bocas mudas que repartieron el botín en los municipios, en los estados y en el gobierno federal.

Simplemente hay que ver dónde ocurrió la matazón peliculezca, en la que fue ultimado el H2, líder del cártel de los Beltrán Leyva.

¿Por qué hay más de tres gobernadores prófugos implicados con el narcotráfico, crimen organizado y el lavado de dinero? ¿Por qué hay otro ex gobernador que acaban de regresar del vecino país?

Los hechos nos dicen que esto ya tiene décadas de estar ocurriendo y que todos los partidos han sido copartícipes de ese florecimiento del narconegocio.

En Metepec, Estado de México, un ex presidente municipal del PT admitió alguna vez que su primera reunión y su primer acto de gobierno fue hablar con un narcotraficante y aceptar sus condiciones antes que salir muerto del trance.

Sí, quizá tiene Trump razón cuando dice que de este lado hay “malos hombres”. Pero no son sólo los que siembran, transforman y trafican la droga. Lo son también los que lo permiten y, fundamentalmente, los que la consumen.

Sin consumo no hay negocio y hoy Estados Unidos es el país más enfermo del mundo, alienado por el consumo insaciable de todo tipo de drogas y la ingestión bestial de alimentos chatarra que los convierte en la gente más obesa del orbe.

LOS MUROS INTANGIBLES

Sí, estamos en problemas en ambos lados. Los dos países estamos enfermos, postrados por males que no se podrán curar con muros ni actos proteccionistas. Los únicos muros posibles y perdurables, son los que se basan en el cumplimiento de la ley.

Sí ésta se cumpliera no habría, para empezar, el consumo desorbitado de droga que se da en la Unión Americana; ni existiría la profunda corrupción en las aduanas; ni se permitiría el paso indiscriminado de todo tipo de mercancías, sin hablar de las armas que nos llegan de contrabando.

Cada lado se hace el tonto en aquello que le conviene y al sistema político mexicano le ha sido útil la narcodependencia de los vecinos del norte, que ven en la mariguana un simple uso recreativo, porque lo fuerte es lo que les llega refinado desde las montañas de Guerrero.

Ellos tienen dinero para comprarla. México no tiene dinero ni para afrontar las deportaciones; mucho menos para reinsertar en su destrozado aparato económico a los miles de compatriotas que buscarán trabajo aquí.

Tiene razón La diputada Martha Cristina Jiménez Márquez (PAN), Presidenta del Grupo de Amistad México-Estados Unidos, quien pintó así de tajante la realidad ante el inminente regreso de miles de connacionales a nuestro país.

Sí, se necesita mucha unidad y acciones conjuntas para enfrentar esta amenaza que se nos presenta, como dice Juan Pablo Castañón, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE).

El Poder Legislativo debe acompañar al empresariado nacional en las negociaciones del TLCAN, porque en materia fiscal, ambiental y educativa se tiene que seguir trabajando en leyes que permitan a la planta productiva nacional ser más competitiva y exitosa en la conversión tecnológica.

Pero el problema es que en el Congreso mexicano tenemos otro frente de confrontación. Esto se ve a la luz de la carta difundida por la senadora Marcela Guerra, presidenta de la Comisión de América del Norte, quien pidió que se informe quién dio representación a los senadores Gabriela Cuevas y Gerardo Flores para viajar a Washington con el canciller Luis Videgaray.

Es decir, a ella se la brincaron y, una de dos: fue la inexperiencia que desde el principio anuncio Videgaray o fue una intención manifiesta para dejar fuera a la representante priista.

Sin no tenemos cohesión en lo más básico, cómo vamos a aspirar a la unidad en lo más específico y fundamental.

Me da vergüenza pensar en las risotadas que cada mañana despertará en Trump el ver las reacciones mexicanas y el grado de miedo que nos ha imbuido.

Pero, como decimos acá: “El que ríe al último…” Además, insisto, no hay mal que dure cuatro años y creo que Trump no llegará ni a dos. Hay dos vías para el término anticipado de su mandato. Se abren las apuestas.

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