Crónica de otra muerte anunciada

Por Óscar Dantes

Lado B del 1er Informe Presidencial

En solo dos minutos, y sin mensaje político al pleno, la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, entregó el 1er Informe Presidencial al Congreso de la Unión, en una ceremonia a la que sólo acudieron 310 de los 500 diputados y 83 de los 128 senadores. La bancada del PRI asistió vestida de negro.

La mayoría de las ausencias, fueron de la bancada de Morena, sumida en una sorda disputa interna por los puestos de la mesa directiva. Ha sido la sesión más breve en la historia del Congreso. A no más de 3 kilómetros de ahí, en Palacio Nacional, Claudia Sheinbaum leyó ese informe ante un reducido grupo, de los suyos, los selectos.

“Vamos bien e iremos mejor, México”, les dijo, frase que fue acompañada de tibios aplausos de los miembros de su Gabinete de Gobierno y personajes de Morena como Andrés Manuel López Beltrán y Gerardo Fernández Noroña, envueltos en escándalos mediáticos.

Había una fila de honor, de 27 personas, con los tres Poderes. Estaban ahí los dos únicos gobernadores del PRI: el de Durango, Esteban Alejandro Villegas Villarreal, y el de Coahuila, Manolo Jiménez Salinas; De Movimiento Ciudadano, el de Nuevo León, Samuel García Sepúlveda y de Jalisco, Pablo Lemus Navarro.

Del PAN cuatro: Aguascalientes, María Teresa Jiménez Esquivel; de Querétaro, Mauricio Kuri González; de Guanajuato, Libia Dennise García Muñoz Ledo y de Chihuahua, María Eugenia Campos Galván. Un acto que pretendió ser republicano, en un edificio frío, sin arreglos. No hubo invitados especiales de otros países.

Claudia Sheinbaum cerró su Primer Informe de Gobierno, en poco menos de dos horas, y repitió que “la Cuarta Transformación no solo continúa, sino que se profundiza”. Distante, en quinta fila, Andrés Manuel López Beltrán, el hijo de AMLO, que se piensa dueño de “el legado”, el “sucesor natural.

La nueva élite política está ahí, ya atenazados los tres Poderes por Morena. Jazmín Esquivel, la influyente ministra, acompañada por su esposo, José María Riobóo, quien, según las redes sociales, recibirá 447 millones de pesos en seis años, por la renta de un edificio al Tribunal Federal de Justicia Administrativa. Negocio redondo.

Aunque los pueblos indígenas originarios no sepan ni su nombre, Jazmín estará ahí, con el “bastón de mando”, conferido por Andrés Manuel López Obrador, y que ahora les da la paternidad sobre los desclasados, desplazados, desfavorecidos, olvidados, dicen.  

Se acabará el nepotismo, el amiguismo y el influyentísimo, dicen, pero ahora el 61% de los integrantes del Poder Judicial tendrán, al menos, un familiar dentro de un cargo público, contra el 57% del pasado reciente, según revela un reportaje de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI).

En la Suprema Corte, 5 de los 9 ministros tienen familiares vinculados con el Poder. Lenia Batres tiene 6 familiares que ocupan cargos públicos; en el Tribunal de Disciplina Judicial, 3 de los 5 integrantes tienen familiares en el gobierno y en la Sala Superior, 5 de los 7 magistrados tienen parientes con empleo de gobierno.

En el gobierno federal, 7 de los 23 secretarios de Estado tienen familiares conectados con el poder. En la Cámara de Diputados, la anterior Mesa Directiva y la Junta de Coordinación Política tiene un 38% con familiares en el poder y en el Senado un 42%. Ellos son “los que son diferentes”.

Los nuevos ministros de la Corte, los que “no son como los de antes”, celebran ahora en Au Pied De Cochon su asunción, aunque ahí no lleven bastón alguno. Igual paladean las mieles del triunfo de una reforma judicial que, dicen, viene del pueblo, pero por la que sólo votaron 8 de cada 100 mexicanos. ¡Salud, Claudia! ¿A quién representas?

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