TRAS BAMBALINAS
Por JORGE OCTAVIO OCHOA
Hay un ánimo oscuro y agrio en estos días.
Vamos a intentar, en estas horas, olvidar lo que el ser humano ha hecho. A borrar esas imágenes de niños en el último estertor de muerte.
Indolentes, aturdidos, cansados, fastidiados, iremos a Semana Santa para evadir la realidad, a escabullirnos de nuestras propias miserias, a hundirnos en la ceguera universal, que todo lo olvida.
Pero no puedo quitar de mi cabeza la imagen del hombre que trata de jalar el último aire de vida y sus ojos se clavan en la lente, suplicando un milagro que ya no llega, porque su dios, y el nuestro, lo han abandonado.
No he podido contener las lágrimas y sigo sin entender cómo es que pasa todo esto, cómo es que ha ocurrido tantas veces y los hombres y las instituciones han guardado silencio.
No sé qué pueda hacer yo, solamente estoy cierto de que pronto llegará el momento en que pidamos misericordia para nosotros mismos pero quizá tampoco hallemos clemencia.
¿Si somos tu imagen y semejanza, Dios, por qué nos hiciste tan desalmados?