El verbo más chingón

Por Rubén Arizmendi

¡Ah chingá, chingá!, de lo que se entera uno cuando se le dicen que el verbo chingar es una de las palabras que más aplicaciones tiene en la vida, sobre todo de los mexicanos. Cómo chingados no.
Tan chingón es este  vocablo, que la Real Academia de la Lengua Hispana ha decidido aceptarla formalmente.
Y cómo chingados no, si este es uno de los verbos más mexicanos y populares de todos los mexicanismos reconocidos hasta hoy, al grado que es pan de cada día en el sur de Estados Unidos, es común su pronunciación en Centro y Sudamérica y ya se escucha, conforme a algunas de sus acepciones, en España.
Chingar y hacer chingaderas es, pues, una especie d
e distracción o pasatiempo nacional, ¡o no mis chingones!, aunque el origen de la palabra a ciencia cierta se desconoce, pero constituye un acervo fundamental de referentes.
Sin su comprensión, sería imposible la comunicación verbal en algunas zonas geográficas y entre los hablantes de algunos estratos sociales, sobre todo de los barrios marginales de las grandes ciudades.
Tan abundante es la cantidad de estos términos chingones que se requeriría de un compendio exclusivo y monográfico, para cada una de las regiones lingüísticas del país.
El sitio web MuyBueno, en el artículo “La palabra chingada”, dice que, junto con “pendejo”, es la más inspiradora para insultar diariamente o para hacer referencia a una situación o sentimiento.
Y qué decir de “La Chingada”, el rancho de Andrés Manuel, “El Peje”  ubicado en Palenque, a 284 kilómetros al norte de la capital de Chiapas, en donde debería quedarse a reposar.
Así que, a la chingada con esta nota, porque es una chingadera el poco espacio que tenemos para explicar este verbo tan chingón, por lo pronto, ¡ya chingé!.

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