Mar de incertidumbre en las relaciones entre América Latina y EEUU con Trump

Ciudad de México. 15./10/17.- De acuerdo con análisis elaborado por el Senado de la República, las relaciones diplomáticas y comerciales con los Estados Unidos durante la administración del Presidente Trump, sólo hablan un mar de incertidumbre y de conflictos para la cooperación.

El endurecimiento de las políticas migratorias que ha enarbolado el presidente Donald Trump, conlleva un cambio en la política estadounidense, que si bien retóricamente ha tenido como blanco a México, afecta considerablemente a Centroamérica.

Sus acciones tendrán potenciales consecuencias para los inmigrantes centroamericanos en Estados Unidos y para los países de esta región, que deberán reincorporar a sus nacionales deportados a  una economía con poco crecimiento y un escenario carente de Estado de derecho, se precisa.

Lo anterior se desprende del estudio “Las relaciones entre la administración Trump y América Latina: dinámicas de cambio y continuidad”, realizado por el Centro de Estudios Internacionales Gilberto Bosques del Senado de la República.

Se advierte que los temas de seguridad y el migratorio, tendrán los efectos más visibles en México y Centroamérica, así como la decisión de cancelar el programa DACA, que tendrá implicaciones para la región entera.

Otros frentes de conflicto tendrán que ver con los enfoques en la lucha contra el narcotráfico, la farmacodependencia y con eventuales cambios a la política de asistencia y cooperación para el desarrollo.

Además, desde su campaña, Donald Trump expresó sus intenciones de dar marcha atrás a la reapertura de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba. Ya como Presidente, anunció la nueva política que impone una serie de restricciones a las reglas de viajes y prohibiciones a las transacciones financieras con empresas cubanas.

La relación entre Estados Unidos y América Latina, bajo la administración del presidente Donald Trump, presenta múltiples elementos de incertidumbre hacia el futuro, con más rubros de conflicto que de cooperación, como lo demuestran las posiciones asumidas por ese gobierno respecto a países como Cuba y Venezuela.

Respecto a la situación en Venezuela, el discurso de Trump de denuncia y condena a las acciones del régimen de Nicolás Maduro ha sido constante e, incluso, manifestó la posibilidad de una intervención militar, declaración que fue rechazada por el gobierno venezolano.

La investigación señala que el gobierno de Estados Unidos poco ha dicho sobre Centroamérica, específicamente de los países del triángulo norte (Guatemala, Honduras y El Salvador), que representan la fuente de migrantes no autorizados en Estados Unidos de más rápido crecimiento durante el último lustro.

Los casos de Cuba y Venezuela -los principales temas de la política exterior en la región para Estados Unidos-, muestran a un Presidente Trump agresivo, escalando la retórica hacia Venezuela mediante su amenaza del uso de la fuerza, y dando marcha atrás en el proceso de apertura hacia Cuba.

En contraste, parece haber una relación generalmente cordial con países como Argentina, Perú y Panamá que, sin embargo, aún no presenta un elemento articulador común más allá de la cooperación en el conflicto venezolano y en materia de combate al crimen organizado.

Ahora bien, el caso de Colombia merece revisarse con mayor detenimiento, en vista de la estrecha cooperación que este país ha mantenido con Estados Unidos en el marco de la lucha contra las organizaciones criminales del narcotráfico desde la década de los ochenta.

Durante la Administración del Presidente Obama, la política oficial hacia Colombia estuvo basada en “la promoción de la seguridad, prosperidad y gobernanza” en ese país.

Para Estados Unidos, hay dos componentes centrales en su relación con Colombia: la asistencia política y militar en el combate al crimen organizado, a los grupos guerrilleros que se mantienen activos y al proceso de paz que el Presidente Santos ha puesto en marcha con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC); y el tratado de libre comercio bilateral, en vigor desde 2012.

Por lo tanto, y aunque el Presidente Trump no hizo mayores referencias a Colombia durante su campaña electoral, sus posiciones con relación a las soluciones diplomáticas a conflictos o frente al libre comercio podrían sugerir que el enfoque de la asistencia a Colombia podría tomar nuevamente un cariz más orientado hacia la militarización, al tiempo que el acuerdo comercial podría enfrentar las críticas que Trump ha hecho a otros acuerdos comerciales – notoriamente el TLCAN.

En noviembre de 2016, días después de que el candidato republicano fuera electo a la Presidencia, la organización no gubernamental Oficina en Washington para América Latina (WOLA, por sus siglas en inglés) publicó un breve análisis de prospectiva sobre la relación colombiano-estadounidense advirtiendo de estos posibles riesgos.

Dicho documento señaló dos escenarios generales, ambos de riesgo para Colombia, de un potencial cambio en la política estadounidense derivada de la visión del Presidente Trump.

Por un lado, apuntaba que la política de “Estados Unidos primero” – que Donald Trump ha mantenido en su retórica como Presidente – podría conllevar una disminución considerable en el presupuesto de asistencia dirigido hacia Colombia, así como una posible ausencia de apoyo político y diplomático al proceso de paz.

En el mismo sentido, se temía que el nuevo presidente estadounidense incluyera al tratado de libre comercio con Colombia dentro de sus críticas a instrumentos de este tipo.

Por otro, advertía que un posible desinterés de Donald Trump en la relación con Colombia podría dejar un vacío que potencialmente sería ocupado por sectores conservadores en el Congreso y el Departamento de Estado, que podrían orientar la cooperación con Colombia hacia un enfoque concentrado a los recursos militares, favorable a personajes políticos como el ex Presidente Álvaro Uribe, quien se opone al proceso de paz iniciado por el Presidente Santos con las FARC.

En contraste, también hubo voces que, precisamente a partir del aparente desinterés de Donald Trump en Colombia durante su campaña, anticiparon que la relación estaría marcada por la continuidad, en vista de que se trata de un vínculo cuya orientación históricamente ha sido compartida por gobiernos y congresos

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