TRAS BAMBALINAS.- Consummātum est
Por JORGE OCTAVIO OCHOA.- No por anunciada dejó de ser sorprendente. Sobre todo porque la reacción de los oponentes allanó el camino para consumar lo que ya estaba cantado.
Consummátum est, la suerte está echada y México empezó, desde este 1 de julio no un cambio de sistema, pero sí un desplazamiento definitivo y terminal de partido hegemónico.
Sí hubo una fiesta democrática, porque más del 70% de los posibles votantes salieron a dar su última decisión, hartos de los abusos de sus gobernantes. Cerca de 32 millones de sufragios le dieron la victoria, por fin, a Andrés Manuel López Obrador.
Otro hecho significativo, que cambia diametralmente el ambiente y el rumbo de la historia, fue la anticipación con que José Antonio Meade y el propio PRI salieron a dar la cara, para no sólo admitir que los resultados no les favorecen, sino alzar la mano a López Obrador.
En torno de las 20:00 horas, mucho antes de que el INE diera a conocer resultado alguno, José Antonio Meade salió a reconocer la derrota y admitir que será Andrés Manuel López Obrador el próximo Presidente de México.
En un acto de congruencia, virilidad y honestidad, Meade aceptó una derrota que se veía cantada. Con mucha dignidad, asumió una candidatura exógena, pero nunca abandonó al barco. Eso es lo que hacen los verdaderos líderes: se muere con los suyos.
De inmediato, no faltó algún idiota que saliera a decir: “¿No que no hubo pacto?”, como si defender los estertores de Ricardo Anaya tuvieran algo de digno o heroico, cuando lo importante en este momento era evitar la violencia e inyectar tranquilidad y paz al país.
Afortunadamente, en torno de las 20:45, Ricardo Anaya también reconoció el triunfo de AMLO, pero no dejó de subrayar que el gobierno de Enrique Peña Niego golpeó a través de la PGR su campaña. A los panistas les quedan todavía muchas tragedias y muchos muertos qué llorar.
El rey ha muerto, que viva el rey
De esta forma, al estilo de las monarquías, podemos decir finalmente: “¡El rey ha muerto, que viva el rey!”, porque tenemos que advertir desde ahora que el eje del poder no sólo no se modificó. sino que se entronizó con mayor fuerza. El sistema presidencialista se consolidará nuevamente.
El Presidente no sólo será ahora el factótum de todas las decisiones, sino que se convierte desde hoy, en la cabeza de un nuevo ente político llamado MORENA, con apetitos de poder tan mezquinos como los que se repudian ahora.
Si a ello se añade el hecho de que López Obrador tendrá mayoría absoluta en el Congreso de la Unión, pues siempre habrá tentaciones de despotismo, autoritarismo y soberbia de los que ahora se sentirán dueños de puestos, cargos y decisiones. Eso se llama involución.
Por si no fuera suficiente, los tres partidos dominantes hasta ayer -PAN, PRD y PRI- empezarán a vivir una profunda crisis interna y pugnas de poder, y así podremos ver que los MORENISTAS no tendrán a nadie que se les oponga, no sólo en los próximos meses, sino en los próximos años.
Y colocamos en ese orden a los tres partidos hasta ayer dominantes, porque es en ese orden como empezarán a sufrir su propio infierno, que los debilitará poco a poco, que los dejará a algunos de ellos ante el riesgo de la desaparición, principalmente al PRD.
Por lo pronto, Ricardo Anaya y Damián Zepeda empezaron desde el 30 de junio la mutilación interna y el exterminio de todos los oponentes para quedarse con el control del PAN. Los primeros expulsados son: Ernesto Cordero, Jorge Luis Lavalle Maury y Eufrosina Cruz Mendoza.
Sin embargo, lo que Anaya no ha medido, es que difícilmente en el PAN le permitirán seguir actuando con el despotismo y barbajanería con la que hasta ahora ha actuado. Él ha provocado una de las divisiones más profundas que ha sufrido ese partido en toda su historia.
Por el lado de los perredistas la situación es más sorda y grave, pues la tribu dominante encabezada por Los Chuchos, seguramente será desechada brutalmente y exterminada, por llevar a ese partido a una alianza aberrante y disímbola que los desdibujó ideológicamente.
En el caso del PRI, empezarán a vivir desde ahora una larga noche, en la que expiarán la soberbia que mostraron en su último sexenio, viendo a los pequeños como insignificantes y creando grupos de poder que mañana se declararán “morenistas”.
México tiene un nuevo amanecer, es cierto. Volverán los tiempos de los largos besamanos, del paso presidencial rumbo a Palacio Nacional y al Congreso de la Unión antes y después de cada informe de gobierno.
Ahora sólo hay que recordar todos los días la promesa fundamental de López Obrador: “sobre advertencia no hay engaño”; “El buen juez por la casa empieza” y se castigará incluso a amigos o compañeros de lucha que no acepten que la corrupción terminó en México.
Día a día, mes a mes, debemos observar a MORENA y cerrarle el paso a la soberbia, otro pecado capital, porque entonces al paso del tiempo tendremos que decir: “consummatum est”, las últmas palabras de Cristo en la Cruz, según el Evangelio de Juan 19, 30.