TRAS BAMBALINAS.- Política y crimen organizado, un mismo negocio

Por JORGE OCTAVIO OCHOA.- Como decíamos la semana pasada en este mismo espacio, en México el mundo de los hechos y el de la ficción policiaca se entrevera de manera tan extraordinaria, que resulta difícil creer que la mafia y la política convivan tan de cerca.
Hace no más de 5 años, los estados de México, Morelos, Guerrero y la Ciudad de México vivieron una ola de secuestros que estuvieron orquestados por un grupo criminal que entonces se conoció como “La Mano con Ojos”, con un poder inconcebible que los hacia parecer casi invencibles.
El actual jefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera, se empecinó entonces y lo hace aún ahora, en afirmar que ningún cártel del crimen organizado se había asentado en la Ciudad de México y ha querido vender al mundo entero que la capital de la República es un paraíso donde nunca pasa nada.
Como ex titular de la inoperante Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) sabía que la corrupción había penetrado como un cáncer a los mandos medios y altos, e incluso se enteró de que algunos jefes policíacos no sólo estaban informados, sino que eran parte de esos cárteles del crimen.
Después quiso matizar el fenómeno al afirmar que sólo se trataba de “bandas” de criminales que no alcanzaban la calificación de “cárteles”, por no tener la capacidad ni la organización suficiente para crecer y expandir su accionar al trasiego y exportación de drogas.
Esta teoría sirvió de base a la prensa vendida o a los intelectuales de escritorio, para sumarse al tendido de una nube de humo que sirvió para ocultar un tiempo el grave problema en el que se encuentran inmersos tanto la Ciudad de México como los estados de México, Morelos y Guerrero.
Mancera nos mintió y quiso ocultarnos el mundo de terror que desde hace un lustro se gestó en el sur de la ciudad, convirtiendo a Tláhuac en una auténtica tierra de nadie, donde la turba y la sociedad se mezclan a los linchamientos y a los asesinatos macabros.
Desde Tláhuac, donde fueron quemados vivos dos agentes federales, con la aquiescencia de Marcelo Ebrard, se levantó la historia siniestra de “La Mano con Ojos”, que todo lo veía, todo lo movía y que negarse a sus exigencias implicaba firmar una carta de defunción.
Apenas hace unos días se supo que altos mandos de la Policía de Investigación de la Procuraduría capitalina se habían coludido con un sanguinario delincuente, llamado Felipe de Jesús Pérez Luna, El Ojos, fundador del ahora conocido cártel de Tláhuac, el mismo que circula droga en la UNAM.
La declaración de uno de los operadores de “El Ojos”, dada a conocer por MVS hace unos días, señalan al comandante, Fernando de Anda Ríos, ex director de inteligencia de la PDI y coordinador de la zona oriente, como uno de los principales aliados del delincuente fallecido.
El informante entrevistado por MVS dijo que él y otros miembros de la banda buscaron a de Anda Ríos para entregarle información de “El Ojos” y terminar así con la ola de crímenes y terror que Pérez Luna había fundado. Pero resulta que el mando policíaco los traicionó y los puso en charola de plata a “El Ojos”.
Uno de los cuatro informantes fue asesinado brutalmente y otro, apodado “Ramiro N”, simplemente relató que “El Ojos” un día los llamó y les dijo:
“Sabes que ya de Anda los puso y ya me dio las grabaciones y me dijo que tú, tú y sí, puras cosas que si eran ciertas ‘ tú hablaste cuando yo llegué a tal lugar, tú le dijiste a de Anda que aquí estaba…”
La temida “Mano con Ojos” entregaba cada mes, millones de pesos a dos o tres mandos policíacos, para que los dejaran operar en el negocio del narcotráfico, cobro de derecho de piso y los secuestros, en una danza de miles de millones de pesos que aceitaron muchas manos… igual que ocurre ahora.
Entonces el negocio criminal empezó a extenderse al Estado de México y a Morelos, mientras que en Guerrero y Michoacán, ese tipo de actividad creció por otras vías muy parecidas, al amparo de politiquillos, que se encumbraron mediante la compra de “candidaturas limpias”, algunas de la mano de AMLO.
Julio César González Rodríguez, uno de los cuatro informantes en el caso “La Mano con Ojos”, pagó con su vida en junio pasado, el haber presentado la denuncia ante la PGJ-CDMX en la que describió los actos de corrupción entre los citados comandantes y El Ojos.
Es un mundo irreal, que se ha ido tejiendo desde hace años y que, una de dos: o Mancera fue el Procurador más desinformado de todos o realmente se hace el estúpido y nos quiere ver la cara de ídem a todos los “chilangos” diciendo que en el DF no hay cárteles de la droga ni del crimen organizado.
Uno de los comandantes de la PGJDF reveló al informante “Ramiro N” con brutal elocuencia, lo que representa dicha institución: “‘mira lo que pasa es que de Anda es gente del jefe general (PDI) y la Procuraduría es de ellos”. Eso es la PGJDF, un eslabón de la cadena del crimen organizado.
Ramiro “N” reveló incluso que el jefe delegacional en Tláhuac, Rigoberto Salgado tuvo financiamiento del Ojos para su campaña como candidato de MORENA. El mismo al que AMLO ha decidido defender, igual que a otro delincuente de la política asociado al PT en Nuevo León.
“A mí el ojos en una ocasión me dijo que él había ayudado al delegado en su campaña con dinero; lo apoyó con todos los bicitaxistas y todo…de entrada le permitió que renteara a los tianguistas, le permitió que renteara a todos los ambulantes, se metió a rentear a los microbuseros y se metió a rentear a los de la basura, a los que no son de la delegación”, reveló Ramiro N.
Pero la historia tenebrosa no termina ahí. Los jefes policiacos de la Ciudad de México, con la presunta colaboración de sus homólogos del Estado de México han estado coludidos con bandas criminales altamente peligrosas a las que han apoyado para someter a la ciudad en un clima de terror
Pero el terror se extiende por Morelos y Guerrero, donde la política y el crimen organizado también se entrelazan y conviven, con funcionarios de medio pelo que se han empoderado a la sombra de políticos y partidos que los solapan, los encubren, a cambio de dinero para sus campañas.
La DEA reveló que Guerreros Unidos, fundado en 2011 por Sidronio “N” y sus hermanos, mantiene su operación en la principales rutas de trasiego de heroína, una droga cuya producción en México se triplicó entre 2013 y 2016.
El cártel surgió como un grupo criminal independiente en 2011, luego de sostener continúas disputas dentro de los Beltrán Leyva, cuyos líderes, los hermanos Arturo, Alfredo, Carlos y Héctor Beltrán Leyva han sido asesinados o arrestados por grupos especiales de las Fuerzas Armadas.
Dichos grupos criminales trafican marihuana, cocaína, heroína y metanfetamina hacia Phoenix, Los Ángeles, Chicago y Atlanta, ciudades de Estados Unidos que utilizan como centros de distribución.
Como la hiedra, las cabezas de estos grupos criminales han sido cortadas, pero las raíces crecen y surgen nuevos mandos, encabezados incluso por mujeres, muchas de ellas esposas de los capos; otras, parejas de políticos que se encumbraron, como el caso de Los Abarca, en Guerrero.
Ahora sabemos, por ejemplo, que el ex director de la policía de Iguala, Felipe Flores Velázquez, y Francisco Salgado Valladares tenían un equipo de élite dentro de la corporación llamado Los Bélicos, identificados como violentos y a las órdenes de José Luis Abarca.
En su declaración por el caso Iguala, Sidronio Casarrubias dijo que José Luis Abarca utilizaba el dinero de las arcas de Iguala para pagar a los directores de las policías y presidentes municipales de Taxco, Cocula, Buena Vista de Cuéllar, Tepecoacuilco, Huitzuco y Teloloapan para contener la entrada de grupos antagónicos que pelearan la plaza.
Aquí la pregunta es sencilla: ¿Andrés Manuel no sabía esto? Si así de deficiente es su sistema de información política ¡Dios nos agarre confesados! ¿O será que se hizo… y lo dejó pasar?