Tras Bambalinas. Sofismas y chauvinismo; rebelión en la granja

Reportero, cronista, columnista durante más de 30 años en los periódicos EL DÍA, UNOMASUNO, EL UNIVERSAL, QUADRATIN. Asesor de Comunicación Social en la antigua Secretaría de la Reforma Agraria (SRA) hoy Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU) y asesor de la Dirección en Jefe del Registro Agrario Nacional (RAN) hasta diciembre del 2015. Especialista en manejo de redes y estrategias de comunicación masiva. Licenciado en Periodismo en la Carlos Septién García, con estudios en Relaciones Públicas y Comunicación de Masas en la Universidad Latinoamericana.

Por Jorge Octavio Ochoa. El Presidente López Obrador siente en este momento, que las estrellas del universo del poder se han alineado a su favor. Le tenemos una pésima noticia: está muy lejos de ello.

Aunado a la irritación social que empieza a crecer desde abajo, en las clases más golpeadas por la crisis de inseguridad, violencia, económica, de salud, ya hay otro grupo que empieza a cerrar filas, desencantado por lo que hace el mandatario.

En las universidades más poderosas de México, por su volumen de estudiantes, académicos y trabajadores, empieza a levantarse como espuma la indignación; como cuando la leche empieza a hervir.

La reciente desaparición de los fideicomisos, fue tomada por ellos no como una cruzada contra la corrupción, sino como un auténtico intento de concentración del poder, como no había tenido presidente alguno desde López Portillo.

Lo menos que hoy se empieza a comentar en los Colegios y Consejos Académicos, es que López Obrador ha iniciado una “muy peligrosa acumulación de poder” en la toma de decisiones.

“La acumulación de poder no es algo que deba ser fomentada; la acumulación de tomas de decisiones es muy peligrosa, por mucho que las declaraciones digan que las personas van a seguir percibiendo sus beneficios”.

“La Cámara de Diputados aprobó la desaparición de los 109 fideicomisos. Nunca nos enteramos, nunca se dijo cuál fue el procedimiento para la desaparición, nunca se diferenció un fideicomiso de otro”.

“Metieron todos en un costal, diciendo que eran actividades oscuras, con cuestiones presupuestales confusas, y entonces se decidió, en lugar de hacer un análisis y una consulta”.

“Los diputados decidieron, de un plumazo, de un machetazo, de la manera más vulgar y vil; sin consulta con ninguno de los grupos afectados, ni de las comunidades afectadas por la desaparición de estos fideicomisos. Nos parece muy grave”.

Estos son, a grandes rasgos, algunos de los comentarios vertidos en aulas universitarias, las mismas donde López Obrador obtuvo su principal apoyo para debilitar poco a poco al Peñanietismo.

Sin embargo, hoy estas fuentes de apoyo se están derrumbando. Las encuestas, pagadas por el régimen de la 4T y difundidas ya con menos credibilidad en uno o dos diarios, cada día son más insostenibles.

El gobierno federal tiene cifras reprobatorias en los principales rubros de la vida nacional como son: Política Económica, Salud, Política Social, Seguridad, Política Laboral, Relaciones Exteriores.

Mentiras y maniqueísmo

Los niveles son los más bajos, debido principalmente al manejo maniqueísta de los hechos, de las realidades. Hoy, más del 50% de la población, considera que el Presidente miente un día tras otro.

Ha mentido en las cifras de la pandemia; ha mentido en las encuestas para continuar el Tren Maya y el Aeropuerto de Santa Lucía. Miente sobre su neutralidad en la detención del general Cienfuegos. Miente, miente, miente.

El mundo de la academia está irritado. Los estudiantes están, además de sorprendidos, encabronados. Es increíble que, en medio de la pandemia y con las dificultades que han tenido, ahora les aumenten el costo de la educación.

Por lo pronto, los servicios de internet y telefonía subirán. Si de por sí era difícil conectarse a la red, ahora será, además, incosteable. Hay estudiantes que deberán decidir entre el pago del transporte o del internet.

Por eso retumba lo dicho en una de esas universidades, sobre todo porque el presidente López Obrador a jugueteado con el tema de las consultas, para enjuiciar a los ex presidentes, sólo con un sentido de manejo y control político:

““Los diputados decidieron, de un plumazo, de un machetazo, de la manera más vulgar y vil; sin consulta con ninguno de los grupos afectados, ni de las comunidades afectadas por la desaparición de estos fideicomisos. Nos parece muy grave”.

Hoy, en estas horas, grupos de catedráticos, profesores, maestros, doctores, preparan algún tipo de respuesta orgánica, estructurada, para tratar de hacer entender a López Obrador lo equivocado de sus políticas.

“Es algo que deberíamos de pronunciarnos, la autonomía está siendo atacada, creo que la asunción del gobierno de más funciones no es algo positivo. Da igual de qué color sea el gobierno”

“La acusación velada de que se hacía todo mal en 109 fideicomisos, me parece que sí merece una reflexión, y realmente creo que no debe ser el camino; deberíamos de intentar hacer algún tipo de pronunciamiento”.

López Obrador y Morena pueden creer o no que estas palabras son de catedráticos de alto nivel, ese es su problema. Pero tienen que asumir que el rostro autoritario ya se les nota por todos lados.

Mintió en torno a los fideicomisos. No aclaró a sus simpatizantes el por qué reservó por 10 años toda la información sobre los segundos pisos, que se financiaron (4mmdp) a través de un fideicomiso en la ciudad de México durante su mandato.

Olvidó decir que su partido, Morena, mintió vilmente en el 2017, cuando dijo que entregaría 80 mdp en apoyo a los damnificados del terremoto, pero nunca los entregó. El fantasma de la mentira campea sobre la 4T.

Se equivoca el mandatario, si cree que sus estrategias de descalificación a movimientos como el FRENAA o SÍ POR MÉXICO, confundirán a la población. La irritación de la sociedad es real. Va más allá de esos dos grupos.

Él quiere hacerlas parecer como “rebeliones golpistas”. Sin embargo, en las reuniones privadas, empieza a ser cada vez más criticada la actitud del mandatario federal, sobre todo en lo relacionado con sus políticas de salud.

Mientras España ha decretado Estado de Alarma por la pandemia, en México el mandatario no sólo se resiste a aceptar lo más simple, como el uso del cubrebocas, sino que levanta arengas inconcebibles sobre “la falacia de las energías limpias”.

Mal armado, mal estructurado y a destiempo, su discurso se da durante una visita a una central termoeléctrica en el estado de Coahuila, donde se pronunció abiertamente a favor de la energía eléctrica generada a base de carbón.

En un evidente esfuerzo por congraciarse con los cientos de familias que en ese estado viven de la extracción artesanal del carbón, el presidente dijo que los gobiernos neoliberales anteriores frenaron el crecimiento de la CFE.

“… y aquí está el ejemplo, ocho grandes generadores de energía con carbón y apenas permiten que trabaje uno; siete parados, porque no le autorizan de acuerdo a la nueva normatividad”.

Así hilvana el presidente su reflexión, sólo para decir que se abrió la puerta a la privatización y al ingreso de empresas extranjeras. Sin embargo, no habla de algún proyecto de su gobierno para impulsar la reconversión energética.

Las energías limpias no están en la órbita de sus pensamientos. Sólo hay planteamientos ideológico-políticos, de los tiempos de Lázaro Cárdenas y Adolfo López Mateos.

Hoy se queja de la política neoliberal, cuando hace apenas dos meses festinaba la firma del renovado T-MEC, impulsado por Carlos Salinas de Gortari, el tratado más neoliberal existente hoy por hoy, en todo el mundo.

Un discurso, así, se vuelve ambivalente, confuso; convoca a un nacionalismo exacerbado, lindante en el chauvinismo, que no tiene sentido con la apertura comercial que se ha mantenido con Estados Unidos durante tres décadas.

En suma, como podemos ver, no hay una verdadera intensión del régimen para explicar o convencer a la ciudadanía sobre las acciones que está llevando a cabo, la mayoría de ellas, sin reglas de operación alguna.

Lo que ha empezado en México la 4T es un proceso de ideologización o peor aún: de sometimiento. Hay quienes piensan que también ha empezado un proceso de militarización.

 

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