TRAS BAMBALINAS.- Vendrán tiempos de graves revelaciones… y grandes decepciones

Por JORGE OCTAVIO OCHOA.- Como en el futuro así serán las cosas y parece que llegarán tiempos de fanatismo y adoración, es válido pontificar y prepararse para los sermones de los que dicen que harán la magia de cambiar diametralmente a este país.
Y como ellos nos mienten sin temor a deidad alguna, nosotros también podemos adelantar profecías que, aunque usted no lo crea, resultarán un 88% ciertas. Aquí nos veremos a fin de año para revisar nuestro vaticinios.
“De cierto os digo que vendrán tiempos de graves revelaciones, grandes decepciones, de increíbles resurrecciones y de gran soledad…
En el horizonte se ven tres hombres muy solos: uno, repudiado por aquellos que le temieron, que caerá en desgracia, lo abandonarán, será desheredado y con el tiempo nadie lo recordará.
Otro, será traicionado por aquellos que dirán que nunca fueron compañeros de un mismo barco.
Pero el más solitario, será este último, que hoy siente la brisa y el viento soplando en popa, sin darse cuenta que detrás del acantilado habrán huracanes que acabarán con la dulzura de esos sueños.
Para el primero de estos, la última dentellada del sistema desgarró el músculo, se clavó en las venas y lo dejó expuesto a las aves de rapiña. Al margen de cómo y quién difundió el video, el hecho concreto es que hay indicios de lavado de dinero para financiar una campaña.
Pero es nada frente a la confrontación interna que se avecina en ese partido; será épica, porque el que fue su dios regresará por sus fueros y le cargará todas las culpas del fracaso, hasta dejarlo en la orfandad; paria sin pueblo ni destino será.
En el caso del segundo hombre, ya ha sido abandonando. Los que lo encumbraron sólo buscan ahora preservar algo del poder y la fuerza que tuvieron; de aquel monstruo de mil cabezas sólo quedará un pequeño engendro, pero no morirá.
Vendrán muchos años de sombra y oscurantismo, en los que tendrá que compartir las migajas y las sobras con los que siempre han sido rémoras; disputará con los del Sol Azteca los favores de la nueva religión para ser bendecidos.
Esas son las predicciones y el ánimo que impera en el electorado. Todos sabemos que es un momento histórico, que vendrán grandes cambios, pero no todo será para bien. De hecho, el contexto internacional se está complicando.
Creer que con expresiones de “buena voluntad” y propuestas fantasiosas de “alianzas de prosperidad” se resolverán las relaciones con el vecino del norte, es no sólo no entender nada, sino darle la espalda a las relaciones con Centroamérica y América Latina.
Trump lo que quiere con México es un muro, pero no en sus fronteras septentrionales, sino en el sur. El gorila americano quiere un dique al paso de nicaraguenses, guatemaltecos, salvadoreños. Porque con las drogas ellos saben muy bien qué hacer: negocios.
Es tan cándido creer que Trump pensará en los centroamericanos que, a fuerza de ser realista, nos suena estúpido. A menos que el gorila albino quiera legalizar la explotación de la mano de obra en sus tierras e industrias. Y si cree que dios está de su lado, se equivoca, el dios es aquel.
Así que, mexicanos, entendamos desde ahora que no es el candidato, es el hartazgo lo que ha inclinado la balanza, pero no habrá consuelo suficiente. Las cosas seguirán mal para los desempleados, los ancianos, los des-pensionados. Esperemos que no así para los jóvenes.
Los otros tres partidos a los que nos referimos merecen no sólo el castigo, sino el desprecio, el repudio por todo lo que han hecho y han permitido, en el nombre de una democracia, acomodaticia, que aplicó justicia por parcelas.
Cansados de malos gobiernos, hartos de la demagogia de PRI, PAN y PRD -olvidemos a los rémoras- los mexicanos están listos para votar este 1o de julio por Andrés Manuel López Obrador y su pléyade de iluminados oportunistas.
Es cierto: los BOTS han calentado la campaña, pero también hay una reacción enardecida de todos esos que vieron pasar dos sexenios inútiles del PAN sin que cambiara nada en el país y uno más del PRI, en el que se revivió la más pura corrupción.
Los apóstatas ahora serán apóstoles: los Germán Martínez, los Miguel Barbosa, los “Napitos”. Esos mismos que prevaricaron y hablaron pestes del prócer, serán ungidos bajo el manto del poder y el fuero. El pueblo tomará las calles y esperemos que esta vez no sean llamados “fifis”.