TRAS BAMBALINAS: #TODOS SON ABARCA
JORGE OCTAVIO OCHOA.- A la luz de las cuentas del primer año de gobierno de Enrique Peña Nieto, sólo podemos advertir que México está hundido en un hoyo de corrupción y podredumbre que no tiene visos de cambiar.
Al escándalo de Ayotzinapa se suma ahora la danza de cifras que hablan de un desfalco impune a la nación: entre 50 mil y 90 mil millones de pesos se calculan los desvíos detectados en dependencias federales; 67 mil millones en estados y municipios; alrededor de unos 4 mil millones en el Congreso de la Unión; es decir, Cámaras de Diputados y Senadores.
México está secuestrado por una clase política que ha implementado un nuevo tipo de dictadura. Los ciudadanos no tienen acceso a los partidos, ni a los recursos económicos, ni a los empleos. Al menos 40 millones viven en la pobreza; 20 millones en la pobreza extrema; 18 millones viven de la economía informal o el ambulantaje y al menos otros 18 viven en una estructura laboral que les arroja sueldos de miseria acompañado de inestabilidad y permanente riesgo de desempleo.
Los mexicanos viven angustiados y desesperados, pero lo curioso es que se han acostumbrado a vivir con la cabeza en el hoyo y sus grandes escapes son esos puentes vacacionales que les permiten eludir la realidad. Es un pueblo que no pierde la fe religiosa, pero que la perdió en materia política y no encuentra asideros porque estos los tienen monopolizados los partidos.
Las promesas presidenciales se han derrumbado estrepitosamente. Algunos esperábamos con anhelo la reducción en el número de diputados y senadores; eso no ocurrió. Esperábamos un verdadero combate a la corrupción, tampoco pasó. Una vigorosa reforma energética y de infraestructura; tampoco ocurrió. Todo quedó en una pálida sombra y quizá ni eso.
OTRA PROMESA INCUMPLIDA
De acuerdo con un estudio realizado por El Universal, 85% de los integrantes de San Lázaro solamente calientan la curul. En el papel quedo la promesa Peñista de reducir el Congreso.
OTRO SACO SIN FONDO
La Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) ha realizado gastos millonarios en contratos de servicios, mientras que su presidente, Jaime Rochín, gana al año 3 veces el monto destinado para el fondo de ayuda y reparación del daño, que cuenta con 500 mil pesos.
En apenas un año y medio de existencia como CEAV, además ha protagonizado dos escándalos con sus comisionados: uno de ellos denunció ser víctima de acoso y otro alertó de arbitrariedades y acciones “poco claras” en esa instancia.
Los gobernantes han medrado con la desgracia nacional y todavía nos salen con frases sardónicas como “todos pueden tener un Abarca”; la omisión, el silencio o el cinismo son el mecanismo de respuesta que han encontrado. Armar frases huecas que no llevan a nada. Desde aquí, nosotros sólo podemos decirles #TodossonAbarca.