En puerta desaceleración económica en México
Ciudad de México. 12/11/17. Agencia SIC.-El sector empresarial mexicano –incluido el industrial-, acusa ya la desaceleración de la economía nacional y su posible menor crecimiento en la segunda mitad del año y, por lo tanto, al finalizar 2017, y no sólo por culpa de sismos y huracanes que pegaron en septiembre pasado.
Lo anterior, ante un menor dinamismo que está generando el sector exportador –consecuencia en parte de la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN)-, y de seguirse contrayendo el mercado interno.
Esto último, señaló el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) y la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin), como consecuencia de la alta inflación que ha reducido el poder adquisitivo de las familias, el incremento en las tasas de interés para el crédito al consumo que ha disminuido, el tipo de cambio del peso frente al dólar, una actividad productiva con señales de debilidad.
Por ello, ni el CEESP –organismo dependiente del Consejo Coordinador Empresarial- ni la Concamin, echan las campanas al vuelo, como el Gobierno federal, y más bien advierten que la economía mexicana “requiere de tasas de crecimiento más altas en un entorno de estabilidad macroeconómica, con el objetivo de mejorar el bienestar de los hogares”, pues el fin de año no se prevé tan positivo.
Señalaron que diversas opiniones consideran que el desempeño de la actividad económica del país refleja en buena medida el impulso del mercado interno y el mejor desempeño del sector externo.
No obstante, “la evolución de los indicadores muestra una moderación en el ritmo de avance en estas actividades que puede convertirse en un freno más que en un motor de crecimiento si no se plantean medidas de política económica para un mayor impulso”, indicó el análisis semanal del CEESP.
Recordó que, durante el 2016 las remesas familiares provenientes del exterior se convirtieron en una fuente importante de recursos para los hogares, lo que impulsó el ritmo de crecimiento de las ventas de establecimientos comerciales.
Pero lo largo de ese año, han entrado remesas por un total de 505 mil millones de pesos, lo que significó un aumento de 111 mil millones respecto a lo obtenido un año antes, y fue el mayor flujo de recursos por este concepto desde que se inició su registro.
“Este comportamiento respondió a la rápida depreciación de la moneda a lo largo del año. Sin embargo, para el 2017, aunque en términos de dólares las remesas familiares continuaron llegando a nuestro país, la apreciación del tipo de cambio propició un efecto contrario sobre la evolución de las remesas en pesos.
“Las cifras disponibles indican que en el periodo enero–septiembre ingresaron al país 401 mil millones de pesos, 34 mil millones más que en el mismo lapso del 2016, aunque esta cifra significó poco menos de la mitad de lo que recibió el país en los primeros nueve meses del año pasado comparado con 2015”, señaló.
En cuanto a que la actividad productiva también muestra señales de debilidad, observó el organismo que ello puede ser indicio de que el PIB de la segunda mitad del año reporte avances inferiores a lo estimado.
Señaló que las cifras más recientes indican que en septiembre la actividad industrial registró una disminución mensual de 0.4 por ciento, lo que propició que en términos anuales su comparación fuese negativa en 1.0 por ciento, con lo que acumuló tres meses consecutivos a la baja.
SISMOS Y HURACANES NO SON UNICOS CULPABLES
En tanto, la Concamin en su documento Pulso Industrial, señaló que eSTE sector cerró el tercer trimestre con números negativos en su comparación trimestral y anual a partir de cifras desestacionalizadas, lo mismo que en su medición anualizada con datos originales y su producción acumula en el periodo enero-septiembre de este año un retroceso de 0.5 por ciento.
“Si bien se trata de cifras poco estimulantes, es importante señalar que no todos sus componentes reportan cifras negativas”, como el manufacturero, prácticamente el único rubro con cifras positivas de 3.4 por ciento de crecimiento.
Así, precisó que de las 21 especialidades que dan vida a la actividad manufacturera destaca el crecimiento reportado por ocho componentes, destacando la industria automotriz y la electrónica; ocho especialidades se desaceleran, es decir crecen a un ritmo menor al mostrado durante 2016 y las ocho restantes cerraron el periodo enero-agosto con números negativos.
En otras palabras, “el único componente de la actividad industrial que mantiene el crecimiento como su signo distintivo, presenta un cuadro singular y polarizado en el desempeño de sus especialidades”.
Pero los sectores en retroceso son la minera que acumula -9.9 por ciento en el año, destacando los retrocesos de la producción de petróleo y gas con -10 por ciento, así como los servicios de exploración y perforación en la minería a razón de -28 por ciento, respecto al periodo enero-agosto de 2016.
También disminuyó 1.1 por ciento la actividad realizada por la industria dedicada a la generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final; y la de la construcción con -0.7 por ciento, al igual que sus dos principales componentes, la edificación de vivienda y naves industriales y comerciales, -0.4 por ciento, así como las Obras de ingeniería (infraestructura), -8.6 por ciento.
De esta forma, señaló que con los datos del INEGI se confirma lo que los industriales anticiparon desde la primera mitad del año: “la economía mexicana no sostendría el ritmo de avance mostrado en el arranque del año. La desaceleración es indiscutible”.
Sin embargo aseveró que, a diferencia de lo que diversos analistas aseguran, el menor dinamismo de la planta productiva no responde únicamente al efecto de los tres huracanes y los dos sismos que impactaron diversas entidades federativas durante septiembre pasado.
Sin duda tales eventos afectaron la operación de una parte de la economía nacional, pero no explican en su totalidad el retroceso trimestral o la pérdida de una parte del dinamismo, observó el sector industrial.
“Quizá el ejemplo más contundente al respecto lo tenemos en Estados Unidos. Pese a los efectos de los huracanes que azotaron Texas y Florida, el PIB de la economía estadounidense avanzó 3.0 por ciento entre junio y septiembre, superando los pronósticos que anticipaban un crecimiento de 2.7 por ciento”, explicó.
Por ello, la Concamin considera que detrás de la desaceleración económica en nuestro país está “un comportamiento inevitable y predecible”, resultado de una inversión pública que se contrae 24 por ciento, una inversión productiva que registra números negativos, ventas comerciales que se desaceleran.
También, un crédito bancario avanzando a un ritmo cada vez menor, ventas de automóviles en franco retroceso, tres huracanes, dos sismos, una política monetaria que eleva el precio del dinero y una política fiscal de ajuste o contracción del gasto público destinado a la inversión y compra de bienes y servicios, “no había manera de evitar la desaceleración de la economía”.
De ahí que los industriales urgieron a los Poderes Ejecutivo y Legislativo, a pasar de la fase de las reformas y la estabilización a la del crecimiento acelerado, perdurable e incluyente de la economía.