TRAS BAMBALINAS. Cártel latinoamericano; AMLO, el jefe

Por JORGE OCTAVIO OCHOA

En Nueva York no sólo está en el banquillo de los acusados Nicolás Maduro. Será sometido a proceso todo un cártel de mandatarios, que elucubraron una estructura continental para convertir el narcotráfico, el traslado de migrantes, de petróleo y trata de personas, en fuente financiera de su movimiento político “bolivariano”.

Los hilos van y vienen por Venezuela, Ecuador, Cuba y, obviamente, México. Por eso, en este entramado, toman especial relevancia los nuevos datos aportados por Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) sobre el decomiso de combustible del buque Challenge Procyon a finales de marzo del 2025.

Resulta que fueron confiscados 10 millones de litros de combustible ilegal, pero en realidad traía 20 millones. ¿A dónde fue a parar el resto? ¿Cuántas pipas más de huachicol circularon por el país? Se calcula una evasión adicional por 190 millones de pesos. Nueve meses y la fiscalía no sabe nada. La 4T en problemas.

Eso, más el inocultable tráfico de petróleo a Cuba, virtualmente regalado, y la presencia de 3 mil médicos de la isla en nuestro país, ponen a México en el escrutinio del policía del mundo, que ahora se agarra de cualquier pretexto para intervenir. ¿Al pueblo cuándo le van a informar y a preguntar?

Se calcula que, hasta diciembre del 2025, el gobierno de Morena ha enviado a Cuba más de 17 millones de barriles de petróleo como un acto de presunta “humanidad”, sin informar nada al Congreso de la Unión, pese a que estas acciones forman parte de una estrategia de penetración político-ideológica.

Al margen de que a millones de nosotros nos parezca un hecho incontrovertible que el crimen organizado gobierna México, es un insulto escucharlo y aceptar en silencio esta afirmación del vecino del norte, bajo la amenaza de que atacará por tierra a las bandas del narcotráfico.

Es revelador que, apenas la semana pasada, Morena detuvo en la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, la autorización para el ingreso a México, de 19 elementos de las Fuerzas Especiales de la Marina de USA, que llegarían a Campeche a capacitar a militares mexicanos. Cerca, por tierra, de La Chingada.

Justo es decir que estos vínculos criminales con gobiernos latinoamericanos, no empezaron con Morena. Desde el 2006 ya se tenían antecedentes de vuelos diplomáticos, procedentes de Venezuela, cargados de cocaína, bajo la férula de Diosdado Cabello, según reveló hace unos días en su columna, Peniley Ramírez.

Es un hecho que, desde el gobierno de Felipe Calderón, altos funcionarios se involucraron con este negocio ilícito, que desde épocas del PRI también ya era floreciente y empezaba a tomar poder político. Hasta el momento, sólo Genaro García Luna ha pagado las consecuencias. Pero el diablo tocó a la 4T.

Morena está, desde hace 3 años, bajo la sospecha de ser cabeza de playa de la estrategia continental para recaudar fondos que provienen del crimen organizado. El asesinado candidato a la presidencia de Ecuador, Fernando Villavicencio, lo denunció desde el 2023.

Habló de la existencia de un “nuevo Cártel Latinoamericano”, que involucraba entonces a Colombia, Venezuela y México principalmente. Había denunciado que las mafias del narcotráfico que azotaban a su país, “son de México: de Sinaloa, Jalisco Nueva Generación y ahora la mafia albanesa”.

“Esos grandes carteles” no nacieron en Ecuador”, dijo, y señaló a López Obrador como uno de los principales impulsores. Advirtió entonces que gran parte de la clase política mexicana ha sido financiada por el narcotráfico, al igual que Colombia, gobernada por Gustavo Petro.

Poco después de ese mensaje, fue asesinado. Casi un año después, López Obrador hizo declaraciones sobre el proceso electoral en Ecuador y se entrometió flagrantemente. México se convirtió en sede de asilo político de altos funcionarios de aquel país, involucrados con el crimen organizado y el narcotráfico.

El ex vicepresidente de Ecuador, Jorge Glas, estuvo asilado en la embajada de México luego de que en 2020 fue sentenciado a 8 años, por el delito de cohecho y acusado de liderar una estructura criminal junto con el ex presidente Rafael Correa. Como ocurrió en México, ellos recibían sobornos de contratistas privados.

Las adjudicaciones directas se convirtieron en práctica común. Jorge Glas fue asilado, sin que mediara trámite diplomático para ello, hasta que el nuevo régimen ecuatoriano allanó la embajada mexicana. AMLO enderezó una acalorada defensa político-electoral en torno a Glas y la derrota de Fuerzas Progresistas de Ecuador.

Fue entonces cuando empezó a soltar su extraña y esquizofrénica teoría sobre los Golpes de Estado. Dijo que en Ecuador se creó “un ambiente enrarecido de violencia”, en el que los candidatos iban con chalecos antibalas a los debates, pero todo era “armado” por los “fachos”. Así llamó a la oposición a Correa en Ecuador.

Decía que lo mismo ha ocurrido en México, “los opositores pretenden generar un ambiente de turbulencia para declarar nulas las elecciones o impedir su realización”. A eso le llamaba Golpe de Estado. Lo patético, fue que armó ese discurso denostando la figura del periodista y candidato Fernando Villavicencio.

La hija de éste, Amanda, declaró después de este discurso de AMLO, que su padre “fue asesinado por el crimen organizado y por los criminales” a los que investigaba su padre. Denunció que algunos de estos individuos se encuentran refugiados en México. Y así es. Hay varios nombres relacionados con Morena.

El ecuatoriano Ismael Daniel Tovar Herrera, excolaborador de Rafael Correa, fue coordinador general de Asesores y Asuntos Internacionales del entonces Jefe de Gobierno de la CDMX, Martí Batres. Antes de eso, trabajó con Jesús Ramírez Cuevas, como coordinador de contenidos digitales, hasta el 2021.

Existen más datos: “En octubre del 2018, el primer funcionario del correísmo que huyó y fue asilado, fue el super intendente de la Información y Comunicación, Carlos Ochoa. En 2019 un juez dictó orden de prisión preventiva por falsificación de documento público. México lo refugió, “por razones humanitarias”.

El movimiento Revolución Ciudadana, de Ecuador, tiene o tuvo un centro de operaciones en México desde el 2019. En abril de ese año, el ex canciller Ricardo Patiño huyó a México antes de que se emitiera la orden de prisión preventiva por el delito de “instigación”.

En octubre de aquel año, los legisladores Gabriela Rivadeneira, Soledad Buendía, Carlos Biteri y Luis Molina, se refugiaron en la embajada de México. En enero de 2020, el gobierno de López Obrador les concedió asilo político. Lo mismo ocurrió en 2021 con Walter Solís, sentenciado por sobornos. Hoy es refugiado.

Así como protegió funcionarios corruptos, de pronto México se pobló de venezolanos y cubanos que ahora aparecen como locatarios en puestos de La Merced y de Tepito, desde que Trump escaló los ataques contra migrantes y los dejó empantanados en su frontera sur. Algunos son delincuentes de Venezuela.

La estrategia de invasión exógena a USA a través de indocumentados, por parte de Venezuela y México, se vino abajo. Ahora nuestro país tiene que hacer frente al problema como tercer país receptor. Habrá que ver cómo funciona todo ese mar de personas a las que pronto podrían darles derechos electorales. Feliz 2026.

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