TRAS BAMBALINAS.- Desencanto popular reflejado en abstención
Por Jorge Octavio Ochoa
A tan sólo una semana de que se realicen elecciones en 14 entidades del país (12 por la gubernatura), el fastidio y rechazo popular hacia los partidos es más que evidente. Desde ahora, habrá que señalar que el dato principal a checar el próximo domingo será el volumen de abstención y el porcentaje de electores que sustentan el arribo al poder de los nuevos gobernantes.
La semana pasada señalábamos en este mismo espacio que las elecciones en México estarían marcadas por el miedo debido a la barbarie y brutalidad que se ha desatado en algunos estados de la República como Tamaulipas y no tuvimos que esperar ni 7 días para corroborar en los hechos esta afirmación.
El secuestro del futbolista tamaulipeco Alan Pulido en el paraje Los Troncones, en esa entidad, no sólo puso al descubierto el nivel de inseguridad que se vive en grandes porciones de nuestro territorio, sino el nivel de impunidad con el que operan los grupos delictivos, al amparo evidente de las estructuras del poder.
Según las estadísticas del diario Milenio, el de Pulido fue el secuestro 203 en Ciudad Victoria, que ya de suyo debería motivar la remoción de los mandos superiores de seguridad en el municipio y en el Estado y el inicio de averiguaciones para determinar el grado de vinculación entre servidores públicos y crimen organizado.
Es evidente que desde hace años Tamaulipas perdió la gobernabilidad y los que ocupan el poder sólo han servido de comparsa para mantener el estado de cosas sin que la Federación tenga un diagnóstico de lo que ahí ocurre, ni se decida a intervenir para terminar con el imperio del terror que ahí se vive.
Tamaulipas es, desde hace años, uno de los estados con los índices más altos en el delito de secuestro. La entidad gobernada por Egidio Torre Cantú, ocupó el primer lugar nacional en número de plagios en 2015. Estadísticas del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) indican que Tamaulipas cerró el año pasado con 230.
Pero no es sólo Tamaulipas. Desde hace décadas el norte del país se ha convertido en símbolo de la violencia organizada, ya sea de grupos dedicados a comerciar con la delincuencia o de políticos que han hecho del poder un instrumento para servirse por generaciones y de ahí la descomposición que se vive ahora.
Tenemos el caso de los #PorkysdeDurango, Juniors que amparados en sus influencias y en sus parentescos, golpearon a un médico cirujano a quien dejaron en coma, luego de que les llamó la atención porque molestaban a una mesera de un restaurante. Los atacantes fueron detenidos por la policía de esta capital, pero quedaron en libertad inmediatamente porque sólo se les atribuyó una falta administrativa. Ese es el ejercicio de la ley en muchas partes del país.
La estructura político-electoral en México está diseñada para proteger y encumbrar dinastías de familias que se vuelven caciques en los estados. De otra manera no se explica el por qué ciertos apellidos y ciertos partidos se reciclan una y otra vez, en medio de una aparente popularidad amparada en las encuestas.
Cómo entender, por ejemplo, que en Veracruz, el partido que mantiene en el poder a uno de los gobernadores más desprestigiados se encuentre en un “empate técnico”, en un duelo de candidatos cuyo apellido ha sido motivo de escándalos.
Resulta que según encuesta de El Financiero, el candidato de la alianza PAN-PRD, Miguel Ángel Yunes Linares, cuenta con el 34% de las preferencias, mientras que el candidato de la alianza que lidera el PRI, Héctor Yunes Landa, tiene el 33%, situándose en un empate.
Sin embargo, habría que ver si en verdad la muestra representa a la ciudadanía o sólo a una porción partidista del electorado porque, hay que decirlo, también los medios de información están jugando sus cartas a fin de ejercer presión o congraciarse con el gobernante en turno.
El hecho es que los partidos utilizan y juegan con los fenómenos de corrupción y se sirven de los escándalos para abonar sus cuentas electorales, sin reparan mucho en los antecedentes de quienes son o quienes fueron sus candidatos.
Así pues, el presidente del PAN, Ricardo Anaya, asegura que el único candidato a la gubernatura de Veracruz que va a “hacer justicia” y a meter a la cárcel al actual gobernador, Javier Duarte, es el de la coalición PAN-PRD, Miguel Ángel Yunes, aunque sobre él pesen denuncias de enriquecimiento inexplicable.
Lo mismo ocurre, pero al revés, en Oaxaca donde, también según encuesta de El Financiero, el PRI se encuentra en la antesala de recuperar Oaxaca, con Alejandro Murat a la cabeza, con un 38% de las preferencias electorales, 9 puntos arriba de su más cercano contendiente.
Pero, insistimos, son las estructuras partidistas las que se mueven. No es la representación social la que se refleje en los votos.
El hecho es que en estas próximas elecciones, el crimen organizado mantiene en alerta a los partidos en al menos 30 municipios de Veracruz, Tamaulipas, Quintana Roo y Oaxaca.
Pero las mafias del poder son las que mueven el abanico. Sólo así se entendería el por qué el PRI viene a anunciar ahora, 12 años después de ocurridos los hechos, que interpondrá una nueva denuncia ante la PGR contra David Monreal y sus hermanos por la supuesta enajenación de 20 propiedades que obtuvieron cuando Ricardo Monreal estaba al frente de la administración en Zacatecas en el periodo 1998-2004.
Lo hacen porque la contienda está muy cerrada. La encuesta de El Universal en Zacatecas indica que Alejandro Tello Cristerna (35,2%), candidato de la coalición PRI-PVEM-Panal, obtendría el triunfo con una ventaja de 5,3 puntos porcentuales sobre su más cercano contendiente, el abanderado de Morena, David Monreal (29,9%). Pero 5 puntos no es nada. Menos en un estado donde son capaces de todo, hasta de inventar secuestros de última hora. Pregúntenle de eso a los Monreal.
Pero el PRI asegura –no sabemos si en respuesta o como reproche a lo aquí escrito hace una semana- que las del próximo domingo no serán “elecciones del miedo”. En el PRI no hay campaña de miedo que pueda vencer nuestras ideas y propuestas rumbo a la elección del Constituyente, aseguran de cara a la contienda en la ciudad capital de la República.
El caso es que el viejo partido cerró su campaña con el ya típico reparto de bolsas de mandado, tortilleras, camisetas y demás regalitos baratos que luego en los reportes de gastos ante las autoridades electorales, se convierten en millones.
Pero no nada más el PRI recurre a ese expediente clientelista. Tras la alianza que entabló el líder de Morena, Andrés Manuel López Obrador, con el magisterio disidente, uno de sus alcaldes y una diputada federal, rifaron cuatro autos entre profesores. Como lo hizo Elba Esther en su momento.
Ese es el panorama con que se empiezan a teñir las elecciones.
Así, a menos de una semana de que se realicen los comicios, tenemos que el 86% de los candidatos que participarán en las elecciones del próximo domingo (6 mil 425 de 7 mil 472), no presentaron reportes de gastos de campaña o lo hicieron con irregularidades.
Si los institutos electorales revisaran a detalle, encontrarían que la impresión de banderines, posters y pasacalles reportan cantidades de millones de pesos, cuando en la mayoría de los casos las facturas no deberían rebasar algunos cuantos miles de pesos.
Por eso es que según la encuesta del Barómetro Global de Transparencia Internacional, los partidos políticos son percibidos por la ciudadanía como las instituciones más corruptas de todas cuantas existen en México.