TRAS BAMBALINAS. El tamaño de la egolatría y el desplome mayúsculo

Por Jorge Octavio Ochoa. El desplome es mayúsculo. No sólo por el tamaño de la desgracia de la Línea 12 del Metro y la pandemia, sino por el laberinto de errores, dislates y ofensas en las que se empieza a meter, por sí sólo el que, se supone, es el jefe de la nación.

Hoy, el primer mandatario se encuentra enfrentado a más de 40 millones de ciudadanos, y a un cúmulo de seguidores que se sienten desairados. A este paso, su soledad será más grande que la de los deudos de los 26 de la L12, y casi medio millón que perdieron la vida por el Covid19.

POR SUS HECHOS, LOS CONOCERÉIS.

Obsesionado en sus ideas, las reformas que hoy prepara Andrés Manuel López Obrador, expresan una intención autoritaria, que hasta sus propios aliados, como el PT, ya rechazan, como la reforma política que sólo busca aplastar a los adversarios.

La desaparición de legisladores plurinominales empieza a convertirse en el nuevo detonador de pugnas, no sólo entre los aliados de Morena, sino entre sus propios dirigentes, que hoy le recomiendan al mandatario buscar los caminos de la reconciliación y la negociación. Pero aquel no escucha nada.

A los partidos rémora, esa enmienda implica la extinción. Por eso ha causado escozor a los fieles de Alberto Anaya, en el PT. De antemano han dicho NO a ese “moche”. Imposible para un partido acostumbrado a vivir del erario, pero un atentado para los opositores ante el desequilibrio de Poderes que vive México.

EL PRESIDENTE, ENOJADO

Sin embargo, a contracorriente, indignado y tras el fracaso en los pasados comicios en la Ciudad de México, AMLO pretende desaparecer a esos legisladores, no para democratizar al país, sino para alcanzar la mayoría aplastante que hubiera querido tener en el Congreso de la Unión.

De hecho, si en este momento no existieran los plurinominales, simplemente Morena y sus aliados se habrían llevado más del 60% de la representación en la Cámara de Diputados, y con ello el camino allanado para enmendar la Constitución.

EL SUEÑO DE PEÑA NIETO

Disfrazada con un halo democrático, esta es la misma iniciativa que propuso el expresidente Enrique Peña Nieto, en el último intento que hizo por dar el control del Congreso de la Unión a su partido, el PRI. Pero fue tan corrupto su mandato, que los colocó en un tercer lugar que ahora solo alimenta sospechas.

Ante la imposibilidad de alcanzar una mayoría absoluta, AMLO tendrá que buscar acuerdos, con un PRI cuya dirigencia se encuentra bajo amenaza de procesos judiciales por enriquecimiento ilícito y vínculos con el crimen organizado.

Eso es lo que se vislumbra en el futuro inmediato, a contracorriente de un acelerado deterioro de la popularidad de Andrés Manuel. Ni el propio Peña Nieto sufrió un desgaste tan acelerado de su imagen pública. Actualmente son mayoría las personas en la CDMX que desaprueban su mandato.

La proporción es notable: 53 por ciento de los ciudadanos capitalinos, piensa que López Obrador lleva un mal gobierno, frente al 42 por ciento que lo aprueba. Y lo peor: ya muchos le atribuyen la derrota que sufrió su partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena).

A REINSTALAR EL “DEDAZO”

Lejos de emprender una estrategia de control de daños, el jefe de Estado no sólo ha enderezado una campaña de descalificaciones contra las clases medias, “aspiracionista”; también reinstaló desde Palacio Nacional el famoso “dedazo” y erigió, sin ambages, el odiado presidencialismo omnímodo.

Sin argumentos, sin reflexión colegiada, ni asesoría previa, López Obrador metió en una misma bolsa de basura: 1.- La brutal derrota de Morena en la CDMX; 2,-La desgracia de la Línea 12 del Metro y 3.- La sucesión presidencial ¡A tres años de que termine su mandato!

Así, abrió falsamente una baraja que, más allá de los nombres, sólo evidencian el mensaje de quién será “el gran elector” del 2024, algo que se quiso desterrar del antiguo régimen priista, pero que hoy él utiliza como espada de Damocles para controlar a los grupos internos de Morena que se quieren descarriar.

Es un mensaje contradictorio: de esperanza y disciplina a los suyos, para dejar claro que los grupos de Sheinbaum y Ebrard no serán tocados, ni por una desgracia que ha dado la vuelta al mundo. “Los quieren echar a pelear”, es lo único que atinó a decir AMLO, para así anticipar el perdón de los pecados.

Pero a los que no perdona, es a esos más de 40 millones de “clase medieros”, que en su mayoría “ni usan el Metro” pero hoy lamentan la desgracia. Para él, todo es una “campaña de desprestigio”, cuando su partido no tuvo pudor alguno para atacar a sus adversarios.

El “desprestigio” que acusa, se alimenta de un 76 por ciento de la población de la Ciudad de México que considera que la violencia se ha incrementado, no sólo en la capital de la República, sino todo el país; y un 75 por ciento que percibe un aumento en la inseguridad y el crimen organizado.

Esto, que llama “bombardeo y manipulación” de los medios ante las tragedias, inexplicablemente él lo convirtió en un asunto de clases. Los que no aceptan sus políticas, son los pecadores que sólo quieren más dinero y propiedades, contra 40 millones que no tienen nada.

Esa es la prédica del Presidente venido a pastor de iglesia cristiana, que al estilo de Billy Graham, busca cautivar a las multitudes, aunque el encanto se empieza a terminar. En Veracruz ya se lo expresaron este fin de semana, y 53 por ciento ya expresó su desaprobación en las urnas.

“No necesito un sucesor, sólo manos dispuestas a aceptar la antorcha para una nueva generación”, querrá gritar uno de estos días el devaluado émulo del predicador que impulsó a la iglesia protestante en México, precisamente por los rumbos de Tabasco a fines de los 60 y principios de los 70s.

MEDIDAS CONTRADICTORIAS EN PANDEMIA

Pero los errores continúan. La reapertura de actividades tras la pandemia, y el prematuro regreso a clases, a tan sólo dos semanas del ciclo vacacional, nuevamente marcan al régimen de López Obrador como un gobierno sin orden y a todas luces, improvisado.

El más reciente dislate fue la orden y contra orden de semáforo verde, dictado por Claudia Sheinbaum y su regreso a amarillo, ordenado por la Secretaría de Salud, lo que reflejó un desacuerdo, ahora entre los equipos de Sheinbaum y Hugo López Gatell.

No se trata de un asunto menor, pues pone al descubierto la carencia absoluta de una estrategia para coordinar el regreso a clases, y para atender a los cientos de miles de alumnos, a todos los niveles, que verán entorpecido su avance académico, en medio de un brutal rezago educativo.

Así pues, falacia tras falacia, el presidente ha tejido su propia telaraña de mentiras, donde hoy el regreso de los militares a los cuarteles es la prueba fehaciente de esa intención autoritaria que mencionamos al principio, apuntalada por un Poder Legislativo obediente y un Poder Judicial obsecuente.

Pero hoy, a la luz de todos sus actos y decisiones fallidas, para nadie hay duda de que él promueve la ideologización, pero no la cultura, el conocimiento, ni mucho menos la instauración de un sistema democrático. No hay libertad posible cuando los cambios requieren de un solo hombre. Así nada perdura.

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