TRAS BAMBALINAS.- La rebelión de los hipócritas

Por JORGE OCTAVIO OCHOA.- Después del escándalo de dos semanas, en que PAN y PRD casi desgarraban sus vestiduras por la remoción del prócer fiscal electoral Santiago Nieto, el asunto quedó reducido a un sainete o ridícula representación.

Esa impoluta posición, (decidieron los senadores de la república, incluidos PAN y PRD) podrá recaer en la figura de ex diputados, ex senadores y ex líderes de partido. Es decir: nada qué ver con los ciudadanos.

Toda la limpieza, transparencia y virtuosismo que se demandaba para la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (FEPADE) quedó hecha añicos. A los partidos sólo les importa colocar a uno de los suyos.

Amable, sufrido lector: usted que despierta todas las mañanas, preocupado por quién votar en el 2018 y que analiza los nombres y deshoja la margarita, ya no se preocupe. Los partidos ya decidieron por usted.

El senado eliminó el candado que impedía a candidatos a un puesto de elección popular y a exdirigentes de partidos políticos inscribirse en esa otra contienda, “la madre (poca) de todas las batallas”

En su tercer intento, el Senado aprobó con 86 votos en pro, 15 en contra y 2 abstenciones, con modificaciones, la convocatoria pública para elegir al nuevo titular de la FEPADE.

Se eliminó la restricción para todos aquellos que hayan desempeñado cargo de dirección o representación nacional, estatal, distrital o municipal en algún partido político; así como para quienes hayan sido candidata o candidato a cargo de elección popular, en los seis años anteriores a la designación.

Hasta el 24 de noviembre próximo estará abierto el periodo para recibir la documentación de los candidatos que deseen inscribirse al proceso de selección. No se sorprenda usted si ve por ahí la nominación de gente como Manlio Fabio Beltrones, entre otros ínclitos.

El 27 de noviembre quedarán los nombres sólo de aquellos que, a criterio de la JUCOPO del Senado, hayan acreditado ser aptos para el máximo puesto y serán tan impolutos y castos como el senador Manuel Bartlett Díaz; sí, ese mismo que apagó la luz en 1988.

Lo más patético de ese sainete fue precisamente el senador Bartlett, a quien el peso de conciencia venció finalmente y habló del fraude electoral de 1988, confundiéndolo con el 2012. Quizá no se quería ir al infierno con esa carga.

Pero de ese santo Partido del Trabajo (sí, ese mismo que en Nuevo León hace dinero con donativos para casas-hogar de niños) se levantó, cual moderno Moisés para desvelar las Tablas de la Ley, Miguel Barbosa Huerta y decir lo que todo mundo sabe:

Hay un acuerdo del PRI-PAN-PRD y Partido Verde, para emitir una convocatoria que lleve dedicatorias especiales. Es decir, en la política por lo menos uno es corrupto o menos, todos, como dijera aquel.

Y sí: “lo que está en curso es un acuerdo de nombres”. Pero mire, así como a Bartlett lo traiciona el subconsciente, a los demás políticos también los agobia la culpa y asumen sus pecados.

Roberto Gil, panista y expresidente del Senado, se pronunció favor de que candidatos a puestos de elección popular, pueden ocupar la vacante que dejó Santiago Nieto, armando este discurso:

“Por más indebido, malo y deshonroso que sea militar en un partido político, no puede excluir el acceso en condiciones de igualdad a cualquier cargo de elección popular o de cargos de Estado…”

El problema es que, uno de los requisitos que se pide es: “gozar de buena reputación” y pues la mayoría dirá: el primer requisito se los debo. En fin. La cuestión es que los partidos nos preparan ooooootra sorpresita para defraudarnos a todos.

Pero usted siga deshojando su margarita, que de todos modos Margarita se sigue deshojando sola, vencida por la voracidad del muchachito Ricardo Anaya, el moderno Hitler del PAN que ha lanzado a la quema a todos los que no comulgan con él.

Pero en el pecado llevará la penitencia. Él cree que le juega al vivo con el PRD. Quizá sea candidato a la Presidencia de la República, pero no ganará. No así el PRD, que se podrá alzar con varias gubernaturas a costa o con el favor del PAN.

LA PATANERÍA NO TIENE GÉNERO

Por último, para reventar de una vez su puente y amargarle el regreso a la realidad, insistiremos en que la patanería no tiene género.

Es triste en estos tiempos, tener que referirse respecto a las mujeres bajo el término de “patán”, sobre todo cuando se habla de violencia de género ancestral en un país netamente machista.

Sin embargo, el grupo de diputadas del PRI señaladas por sus expresiones contra un diputado de Morena, que vestía saco rosa el día que se aprobó el PEF 2018, no sólo merecen ese calificativo. También puede tildárseles de “cobardes”.

De César Camacho, que se expresa como abogadillo de pueblo, de lenguaje rebuscado e inentendible, puede esperarse. El retruécano es su método de escapatoria, al puro estilo priista, cuando no quieren responder algo.

Pero de ellas se esperaba una actitud más digna, aceptando la culpa por haber cometido bullying no sólo contra el legislador de Morena, sino contra su propio compañero de partido y presidente de la Mesa Directiva de la Cámara, a quien tildaron de “ñoño”.

En el video que profusamente circuló en las redes sociales, no sólo se escucha claramente la palabra ¡Puto! en referencia al hombre que en tribuna vestía de rosa; también puede escucharse el “¡Míralo eh!”, “¡Míralo eh!” cuando Ramírez Marín les pide respeto.

Este episodio enmarca el rostro de un Congreso que, hasta la fecha, no ha sabido representar al pueblo mexicano y que la mayor parte de sus actitudes sólo reflejan la hipocresía de una élite política que “ni nos ve, ni nos oye”.

La solidaridad esperada de ellos tras los terremotos de septiembre nunca se vio, ya no digamos con aportaciones económicas, sino con presencia física para ayudar en sus distritos. O díganos usted, lector, si vio a su diputado preguntar cómo se encontraba.

Pero lo peor fue la justificación de una de las diputadas, que ni siquiera tiene claro en dónde está parada. Aduce que gritaron “bruto” al sujeto, debido a sus pocas luces educativas y culturales.

¡Señora Diputada! El Congreso, en teoría, sirve precisamente para representar el mosaico del pueblo mexicano, en todos sus niveles y potenciales culturales y demográficos. Señora Diputada, se miró al espejo cuando buscó el pretexto. ¡Que pena!

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