TRAS BAMBALINAS. Olor a muerte

Por Jorge Octavio Ochoa. Las últimas 2 decisiones del gobierno federal en materia de seguridad dejan claro a la sociedad que la 4T no tiene una estrategia definida contra el crimen organizado. La renuncia de Alfonso Durazo y el arribo de Rosa Icela Rodríguez así lo demuestran.

Lo que hay hasta el momento, es un abierto armisticio con los cárteles del narcotráfico. Ovidio Guzmán sigue libre gracias a ello o por la impericia de Durazo. El mensaje aparente es que hoy cualquiera puede ocupar su lugar. De todas formas, quienes tendrán el mando en el futuro, serán los militares.

Todo indica que las secretarías de la Defensa y Marina mantendrán línea directa con el presidente de la República para discutir todo lo relacionado con la seguridad nacional, seguridad interior, aduanas y puertos marítimos. La militarización paulatina del país es una decisión tomada.

No hay que olvidar que, apenas el miércoles pasado, El Congreso de la Unión consumó el paso de la Marina como principal controlador de los puertos marítimos mercantes del país, pese a la oposición de diferentes organismos gremiales y sindicales de la marina mercante, especialistas, académicos, abogados, politólogos.

Rosa Icela, al igual que lo fue en su corto tiempo Durazo, sólo será un elemento decorativo, para hacer la finta de que existe un mando civil. En los hechos, todos los operativos de inteligencia y de combate al narcotráfico y al crimen organizado serán elaborados por los militares.

Así las cosas, la carta de despedida del ex secretario de Seguridad, además de cínica, es absolutamente cobarde. Alfonso Durazo no sólo se fue rehuyendo una última comparecencia ante el Congreso de la Unión. También reservaron durante 5 años, todo lo relacionado con el tristemente célebre “Culiacanazo”.

Hasta el momento ha pasado inadvertida la noticia, pero resulta que desde el año pasado la Secretaría de Relaciones Exteriores clasificó como confidencial y reservada por cinco años, toda la información documental relacionada con el proceso de extradición de Ovidio Guzmán López

Esto trascendió en el diario EL UNIVERSAL, una semana antes de que Alfonso Durazo abandonara la Secretaría de Seguridad Pública Nacional para irse en pos de la candidatura de Morena para gobernador de Sonora, sin haber obtenido resultados tangibles en la estrategia de combate al crimen organizado.

Apegado al argumento favorito del presidente, el ex secretario dice que recibieron un país “oliendo a pólvora”. Nadie le dijo antes que  la intención del voto que llevó al nuevo régimen al poder fue, precisamente, para cambiar ese estado de cosas.

En medio de su cobardía, Durazo deja al país oliendo a muerte, con más de 60 mil asesinatos, ejecuciones y masacres, esas que le dan tanta risa al presidente. Huyó literalmente, para no enfrentar su última comparecencia. Deja su gestión marcada por la ineficacia.

Lo peor: Durazo también se va sin reflexionar un momento sobre el grave conflicto diplomático que se ha abierto tras la detención del ex secretario de la Defensa, Salvador Cienfuegos, que evidencian una fractura muy seria en los niveles de comunicación al más alto nivel de ambos gobiernos.

Según lo dicho por Marcelo Ebrard, el gobierno de México no tenía ni remota idea sobre la investigación que el Departamento de Justicia seguía contra el general; mucho menos, que existía una orden de captura. Malas relaciones y nula comunicación en materia de seguridad, es el mensaje.

Es decir: Durazo no era, para nada, una persona confiable, con la que se pudiera sentar a negociar el Departamento de Justicia del vecino país, que es a quien responde la agencia antidrogas mejor conocida como la DEA, que fue quien solicitó la captura de Cienfuegos.

Pero la otra gravísima lectura del mensaje sobre estos hechos, es que el nuevo régimen de la 4T no es tan honesto como dice y no estaría dispuesto a acompañar ese gran golpe contra la corrupción, que al final tuvo que llevar a cabo Estados Unidos sin consultar a México.

Así las cosas, Durazo nunca dimensionó la pérdida de confianza tras el “Culiacanazo”. Lo único evidente ahora es que los grandes golpes contra la corrupción y el crimen organizado, se están dando desde aquel lado. Aquí en México todo es parafernalia, fuegos pirotécnicos, verborrea y silencio.

En resumen, Durazo no habría pasado las durísimas pruebas de confianza que se hacen a todos los aspirantes a ocupar un cargo dentro de la Secretaría de Seguridad Nacional. Pero, como todo se parece a su dueño, en el régimen impera, ni más ni menos, la improvisación.

Mal están las cosas para un país que, pese a los altos niveles de violencia e índices de corrupción, el principal apetito de su nuevo régimen sea la contienda electoral del año próximo. Y más grave aun es que, lejos de buscar entre los cuadros de su partido, la 4T opte por cooptar a los ciudadanos a través de los “superdelegados”.

Alevoso, cobarde, pero, sobre todo, cínico y mentiroso. El nuevo gobierno ha construido su discurso en torno a lo que dejaron los gobiernos “de antes” pero en los hechos, se sirve de muchos de los que estuvieron relacionados con lo peor de aquel entonces.

Impulsado por Manuel Barttlet, Ignacio Mier fue presidente estatal del PRI en Puebla; diputado federal y senador por este partido. Fue también secretario de Gobierno de Mario Marín “El Gober Precioso” en Puebla. Hoy, es el nuevo coordinador de Morena en la Cámara de Diputados.

 

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