Veladoras y llanto bajo un cielo oscuro en Lagos de Moreno

Una veladora, en las escalinatas de la Parroquia de la Asunción, en el centro de la ciudad, es el mudo símbolo de la desgracia que ha enmudecido a toda esta población.

Del miedo, las 5 familias pasaron al silencio, al recuento de los muertos. No hay una explicación, sólo preguntas: ¿Por qué tanta saña, tanto odio, tanta crueldad? La historia se repite, la del 2013, 2015. De 7 en siete, los jóvenes masacrados.

Roberto Olmeda Cuéllar, Diego Lara Santoyo, Uriel Galván, Jaime Martínez Miranda y Dante Cedillo Hernández, se suman a una historia y a un recuento siniestro de Lagos de Moreno, donde hoy sólo el demonio sabe el por qué.

Una enorme foto, a manera de poster, corona la escalinata. En silencio, hasta ahí llegan, vestidos de blanco, hombres y mujeres. Más allá del miedo, más allá de la protesta.

Dentro del Templo de Nuestra Señora de La Merced, las fotos de cada uno de ellos, “Era mi hermano el más pequeño, yo les pido por favor, que me lo regresen”. Una plegaria al cielo y a un mundo indolente. Aquí, esto ha ocurrido ya varias veces.

“Lo único que les pedimos es que nos los regresen, como estén, ya no importa. Las personas que los tienen”, el dolor se extiende… y la furia. No hay explicaciones, ni motivos.

Como Jesucristo en la cruz, hoy se preguntan: “Padre, por qué me has abandonado”

 

 

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