TRAS BAMBALINAS. Los extremos y los extremismos se tocan

Por Jorge Octavio Ochoa. Es alarmante que, en un país que se dice democrático, los derechos individuales, de libre tránsito, sean violados flagrantemente desde la propia cúpula del poder, y los delitos de sedición y terrorismo, sean tolerados sin averiguación alguna.

El Artículo 139 del Código Penal, impone una pena de 15 a 40 años de prisión y de 400 a 1,200 días multa a quien utilice explosivos, sustancias tóxicas o armas de fuego para realizar actos en contra de las personas, las cosas o servicios públicos, que infundan terror o alarma en la población.

El lunes 8 de junio pasado, autoridades de la CDMX y del Gobierno Federal, decomisaron 59 artefactos explosivos artesanales a un convoy de autobuses en el que se transportaban estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa y padres de los 43 normalistas desaparecidos.

No hubo un solo detenido ni carpeta de averiguación, pese a ser un delito grave. Esto ocurrió en la autopista México-Cuernavaca. Los elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana capitalina (SSC) detuvieron el paso del convoy integrado por 17 autobuses procedentes del estado de Guerrero.

La justificación oficial fue: “hubo un diálogo con los estudiantes y padres de familia, quienes se comprometieron a manifestarse de manera pacífica”. Por eso no hay detenidos e incluso permitieron, “de forma paulatina”, que los autobuses continuaran su viaje hacia el centro de la capital.

Hoy, el conflicto sigue sin resolverse. La CNTE elevó la vara de sus demandas y amenaza con escalarlas, e incluso perseguir a la presidenta en cada gira que realice por el país. Por lo pronto, es inminente el regreso del control de plazas a manos del magisterio disidente.  

Esas son las dimensiones y la magnitud de la interpretación de las leyes en México. El 5 de junio pasado, una mujer, María Fernanda Islas Mier, se colocó al pie de las vallas colocadas en las calles aledañas al Zócalo e impidió el acceso. Pidió el INE a los paseantes que querían entrar y revisó bolsas y mochilas.

Ella misma admitió no tener autoridad legal alguna para restringir el libre tránsito, y cínicamente respondió: “Me puse yo sola… Soy voluntaria, por mi cuenta… porque no tengo nada que hacer en mi casa”. Sin embargo, ella está vinculada a Martí Batres y a Clara Brugada. La policía capitalina recibía órdenes directas de ella.

A la llamada “Lady No Tengo Nada Que Hacer” o “La Güera“, tampoco se le aplicó sanción alguna. La presidenta Sheinbaum no hizo mayor comentario o crítica sobre estos dos hechos, que pueden considerarse graves, porque violan directamente la Constitución y el Código Penal.

Una noche antes del inicio del mundial, la élite de Morena organizó una cena de gala, en el Castillo de Chapultepec, al más puro estilo de la vieja burguesía porfiriana, con alrededor de 2 mil invitados. Mientras, en la calle, las madres buscadoras se enfrentaban con granaderos de la Ciudad de México.

Lejos de toda empatía, la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, acusó que ellas recibieron apoyo para trasladarse desde Jalisco a esta movilización y amenazó: “estamos recabando toda la información, para conocer el origen de esos apoyos y determinar si existió una intención ajena…”

Ella no ha respondido a las versiones de que su hija, Alejandra Icela Martínez Rodríguez, participó en la entrega de contratos por más de 2 mil millones de pesos, a empresas fantasma en obras hidráulicas autorizadas por Conagua, cuando ella era Gerente de Recursos Materiales entre el 2020 y 2021.

En Veracruz, una periodista fue secuestrada y otro fue asesinado. Ambos casos, a plena luz del día. Ni la gobernadora Nahle, ni la secretaria de Gobernación, ni la presidenta de la república han mostrado el más mínimo interés en combatir la violencia y resolver estos ataques a la prensa.

Pero eso sí, sin prueba alguna, tienden el manto de la sospecha, y sugieren que detrás de las movilizaciones de la CNTE está la ultraderecha, ¡y hasta el empresario Ricardo Salinas Pliego!, por sugerir la realización de protestas “más rudas”. Para Sheinbaum, fue un llamado “explícito” a la violencia “no pacífica” contra el gobierno.

Así, para fundamentar su teoría sobre la ultraderecha infiltrada en el movimiento magisterial, la presidenta de México acusó al empresario de “sugerir” “tácticas de manifestaciones agresivas”, y vinculó tal actitud con los disturbios de los maestros, “que no responden a demandas laborales legítimas”. Así el simplismo.

A diferencia de sus promesas de campaña, hoy el gobierno de Sheinbaum admite que no está contemplado en el presupuesto, “ni este año, ni el siguiente”, el dinero para atender las demandas de la CNTE “. Hacerlo tendría un costo de 20% del Producto Interno Bruto, PIB. Es decir, casi 7 billones de pesos.

Queda claro que ella mintió a los mentores cuando era candidata. Ahora dice que estos actos, “son un plan coordinado para proyectar una imagen internacional de caos e inestabilidad”, ante la inauguración del Mundial”. ¿Cuántos Tlacos o Ardillos habrá detrás de los paliacates de los pseudo maestros?

Es evidente que hay una estrategia de desestabilización y ella se encuentra en medio. Pero habrá que precisar quién está detrás: ¿la izquierda radical o la ultra derecha? No descarte usted a las huestes de Andrés Manuel López Obrador porque, quizá no se sienten suficientemente protegidos por la presidenta.

“Los extremos se tocan”, dice la mujer, perdida en su propia demagogia, sin pensar que los “extremismos” también se tocan. Hoy han descubierto un nuevo juego: el calentamiento de conflictos y el terror. Incendiarán ciudades, si es preciso, para mantener el poder a base de miedo.

Esa es la consigna de Morena y sus aliados de la 4T, PT y PVEM, que actúan como siempre, de rémoras. Es deprimente que no haya opciones en este país. Tener que festinar triunfos del PRI, o coincidir con dichos de Salinas Pliego, a millones luz en distancia social y económica.

Morena y Sheinbaum inventan enemigos. Ella no puede pararse en el centro de un estadio porque teme al abucheo. Es obligada a suspender giras. Pero dirá que todo esto es provocación. Sabe que no va bien, a 2 años de mandato. Un pequeño acto de congruencia y dignidad sería pedir perdón y decir, me equivoqué.

Cada quien que esconda sus errores como quiera; lo peor es no aprender de ellos.  

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ROSA ICELA INVESTIGA

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