TRAS BAMBALINAS. Las lecciones NO aprendidas de la pandemia.

Reportero, cronista, columnista durante más de 30 años en los periódicos EL DÍA, UNOMASUNO, EL UNIVERSAL, QUADRATIN. Asesor de Comunicación Social en la antigua Secretaría de la Reforma Agraria (SRA) hoy Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU) y asesor de la Dirección en Jefe del Registro Agrario Nacional (RAN) hasta diciembre del 2015. Especialista en manejo de redes y estrategias de comunicación masiva. Licenciado en Periodismo en la Carlos Septién García, con estudios en Relaciones Públicas y Comunicación de Masas en la Universidad Latinoamericana.

Por Jorge Octavio Ochoa. Mexico rebasará en los próximos días, el medio millón de muertos por Covid.

La tercera ola reventará en agosto próximo, con una cepa del virus, denominada Delta, mucho más veloz en el contagio, pero el gobierno ha decretado un regreso indiscriminado a las aulas escolares, y a las oficinas, a una normalidad que está lejos de existir.

Más preocupado en una “consulta” inocua, porque no va contra nadie y va contra todos, pero evade la aplicación de la ley, el presidente no se ha tomado el tiempo para dar un balance de resultados del programa de educación a distancia aplicado por la SEP.

El ex titular de educación, Esteban Moctezuma, se fue a Estados Unidos con más pena que gloria, al no haber logrado ni un 30% de penetración de las clases a distancia, y la actual secretaria permanece en la oscuridad, sin dar luces ni explicar cómo será ese regreso a las aulas.

Así pues, el regreso vacacional será desolador. Lo peor de todo es que, además de nunca haber podido dominar ni contener la pandemia, hoy el gobierno de Lopez Obrador da muestras de no haber aprendido la lección más importante de esta desgracia: el mundo ya no será el mismo cuando termine la mortandad.

Quiere regresar a lo de antes, cuando es evidente que los sistemas educativos y laboral en México están rebasados. No es posible volver a los mismos métodos de enseñanza, con un sindicalismo corrupto; dos sindicatos chantajistas y una extensión educativa que sigue sin alcanzar a los más pobres y marginados.

Los sistemas de trabajo tampoco pueden ser los mismos, menos en un mundo globalizado, que demanda prácticamente 24 horas de producción y trabajo sin interrupción.

Las jornadas y turnos laborales tienen que cambiar, pero el señor del Palacio cree que, con la mera descentralización de algunas secretarías o llevarse a la Secretaría de Salud a Acapulco, cambiará todo el sistema.

Puerilidad, es lo menos que se puede decir sobre la forma con que ha enfrentado la pandemia Lopez Obrador. Y ello lo refleja su propia descripción personal y familiar de cómo un niño resiste la cuarentena educativa, sumido en el Nintendo, sin ningún control por parte de sus padres.

Si no es capaz de someter al orden y al estudio a su propio hijo, imagínense como están las cosas en México.

Y lo peor: López Obrador quiere regresar al estado anterior de cosas, inmerso en una necia actitud de ideologización, pretendiendo asumirse en el líder latinoamericano contra el capitalismo, financiando y enviando armamento a Cuba, cuando internamente no puede resolver su propia violencia e inseguridad.

Eso es lo que está en juego en estos días: la entronización de un régimen que pretende ser socialista, a través de cambios cosméticos en sus libros de texto; con un adoctrinamiento ramplón, y el remedo de creación de células bolivarianas a través de sus Servidores de la Nación, que quieren sueldo, no “politiquerías”.

Pero así va este gobierno, con la vieja idea de revertir la pobreza, mediante dádivas, que no alcanzan para nadie. Ahí tiene a los jubilados, sumidos en promesas y esperanzas que no se cumplirán. Plantados en Reforma, sin respuestas. Porque las pensiones reales no las puede pagar la 4T.

No ha entendido que el mundo tendrá que evolucionar a nuevas formas de laborar, de educar, de relacionarse; incluso hasta de vestirse, porque la pandemia nos avisa que vivimos bajo una nube tóxica de contaminación que nos enfermará permanentemente.

Para colmo, López Obrador enfrentó la pandemia con una alza impositiva a las plataformas digitales, lo que impactó directamente el servicio de internet, ese que alguna vez prometió que extendería por todo el país y sería gratuito.

Únicamente afectó a ciudadanos que empezaron a vivir de la venta de servicios en línea como Uber, Didi, Uber eats, Airbnb, con lo que muchos tuvieron que suplir la pérdida de sus trabajos.

Sin embargo, el gobierno de la 4T nunca extendió a toda la república el internet. Tampoco tuvo la misericordia de declarar una tregua fiscal en el pago de impuestos. No, a todos nos trató como si no ocurriera nada en el mundo.

Pero él quiere la tecnología tradicional: las carboeléctricas, la quema de combustóleo. No ha entendido que el mundo cambió, y lo hizo justamente durante sus primeros dos años de gobierno en los que, según se ve, no comprendió nada.

El debate no solo es el reparto de la riqueza para abatir la pobreza. Es recobrar formas armónicas en que la sociedad tenga tiempo para estar con sus familias. La pandemia hizo recuperar a muchos ese espacio, ese tiempo, ese contacto de convivencia.

La sociedad se deshumanizó, se volvió más violenta, cuando se incrementó la explotación laboral. El dar más horas de trabajo, se convirtió en una especie de ejemplo que, según vemos, sólo ha dejado insatisfacción en el mundo.

El poco tiempo que tienen los padres de estar con sus hijos, es uno de los desequilibrios que se deben corregir. No es posible pasarse un tercio de la vida en el transporte, para ir a trabajar, regresar a casa, llegar a cenar, dormir, desayunar.

Una mecánica de locura. Eso es lo que ha vuelto más violenta a la sociedad. Pero eso no lo entendió López Obrador. Él habla de intangibles: abrazos por balazos, acusarlos con su mamá, con los abuelos. Apelar a la vergüenza que, bien se ve, ya nadie tiene.

La mecánica laboral de ciudades tan populosas como la Ciudad de México, no puede ser ejemplo de nada.

SIN ESTRATEGIAS, PARA SEPTIEMBRE EL REGRESO A CLASES

Sin embargo, desesperado, y sin estrategias en materia de educación, el presidente de México ha declarado que a finales de agosto el país tendrá que regresar a clases presenciales, pues no se puede continuar con la educación a distancia.

Y ahora dice que el incremento de casos de COVID-19 no debe ser utilizado como “pretexto” para evitar este regreso. Asegura que los niños y adolescentes no corren riesgos de contagios. ¿Quién puede asegurar eso? ¿Qué estudio o investigación sustenta tal afirmación?

Pero él declara cosas, decreta sentencias: como el “detente”; o “llueva, truene o relampaguee regresamos a clases”; como si la mera voluntad fuera suficiente para frenar la expansión del virus:

“Yo estoy a favor de que se regrese a clases. Está creciendo, no mucho; sí hay contagios, sin embargo, no hay riesgos mayores para los niños, para los adolescentes, se puede tener un buen control. No debe ser ese el pretexto, la excusa”.

¿Cómo un gobierno que ocupa el 4o lugar mundial en muertes por la pandemia puede asegurar eso? Estamos en la cresta de lo que llaman tercera ola, y no sabemos cuándo bajamos de la primera y la segunda.

Ni el mandatario, ni las autoridades de la SEP, han dado a conocer el balance del resultado de las clases a distancia. Su desesperación por el regreso es la evidencia del fracaso de Esteban Moctezuma. Simplemente no hay logros.

Sin embargo, ahora tampoco proponen un plan más elaborado, académico. No han hablado de la posibilidad de un esquema mixto: presencial y extraaulas, para disminuir en lo posible los inminentes contagios.

Pero eso sí, López Obrador lo politiza todo, y siempre busca un enemigo para su frustración:

“Hay quienes no quieren, pero a ver, ¿qué no es eso una actitud contraria al desarrollo? ¿No la educación es fundamental para la defensa de los derechos sociales?, ¿quién es el que no quiere que se tenga acceso a la educación?, ¿a quién le conviene la ignorancia?, ¿quién saca provecho de la ignorancia? ahora sí que ¿de parte de quién?”

EL BOZAL Y LOS 16 MIL CONTAGIOS Y 419 MUERTES EN UN DÍA

Negligencia criminal puede llamarse a esto, y en general a la actitud asumida por el régimen desde que empezó la pandemia. Pero, algunos miembros de la 4T como Manuel Bartlett, llaman de manera insolente y despectiva “bozal”, al cubrebocas, que pudo salvar miles de vidas de haberse implementado a tiempo.

Tan sólo en un día, México reportó 16,244 nuevos contagiados de coronavirus19, así como 419 muertes. Esto suma un total de 2 millones 709 mil 739 casos de contagios y 237 mil 626 defunciones en lo que va de esta época funesta.

Pero ellos siguen con su pantomima de una consulta, aunque las evidencias gritan que Peña Nieto ya debería estar ante un juez, tan sólo por el tema del espionaje, la compra de un equipo sofisticado que no salvaguarda la seguridad nacional, y sólo sirve para que los políticos se estén viendo los calzones entre ellos.

Esa es nuestra CLASE POLÍTICA. Esa sí nos avergüenza.

Servidores de la Nación exhiben corrupción en programas sociales de Presidencia de la República

 

 

 

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