TRAS BAMBALINAS. Asonada de violencia

Por Jorge Octavio Ochoa. Otra vez, “como anillo al dedo”, le había caído a López Obrador, el intento de asesinato contra el periodista Ciro Gómez Leyva.

Sin embargo, de pronto el escándalo de la ministra Yasmín Esquivel Mossa, ha tomado el escenario como principal tema de interés.

La UNAM emitió un comunicado en el que confirma que existe “un alto nivel de coincidencias” entre dos tesis:

La de la susodicha aspirante a la presidencia de la Suprema Corte y la de Édgar Ulises Báez Gutiérrez.

De inmediato, López Obrador se ha colocado nuevamente como víctima, pero, al igual que en el caso de Gómez Leyva, sus argumentos son de dar pena.

Todos esos que están pidiendo que se investigue a la ministra, han cometido delitos mayores”.  Acusación y difamación sin pruebas.

El Presidente de la República ha insultado a los ciudadanos con calificativos desmedidos y viscerales, peores de lo que hoy cuestiona:

Aspiracionistas, fifís, corruptos, corruptazos, alcahuetes, inmorales, intelectuales orgánicos, racistas, rateros, saqueadores, sinvergüenzas…”

No han faltado otros defensores, como el doctor en derecho Raúl Placencia Villanueva, quien incluso pretende compartir culpas con el Senado.

“… su solvencia moral y profesional fue en su momento evaluada por órganos legislativos tanto de la ciudad de México como del Senado de la República”.

Esta es la pieza central con la que piensa defender el caso, pese a que la olla está llena de miasmas.

Defiende a la Ministra porque, según dice, “se ha generado una polémica con señalamientos infamantes”, afirma el doctor Placencia.

También salió en su defensa el doctor Hugo Ítalo Morales Saldaña, pero con un texto tan burdo, que más parece redactado con calzador:

Sirva la presente para ratificar la calidad, conocimientos y ética profesional de dicha alumna, la cual siempre llevó a cabo las modificaciones, estudios…”

Así por el estilo, como una recomendación. El hecho es que no pueden llorar como juristas, lo que no defendieron ni reprocharon como hombres y mujeres de bien.

El presidente ha sembrado tolvaneras y ciclones. Él y sus cercanos empiezan a recibir la respuesta de una sociedad cansada, dividida, indignada.

La atención se había centrado, casi toda la semana, en el grave atentado contra un comunicador. Esto se suma a la ejecución de 12 periodistas tan sólo en este 2022.

Por todo argumento, AMLO habló de un “autoatentado”, pero “no porque él (Ciro) se lo haya fabricado, sino porque alguien lo hizo para afectarnos a nosotros”.

Esquizofrenia pura, que da pie para lanzar irresponsablemente a sus huestes a continuar la asonada de violencia verbal.

El argumento sirvió para desviar la atención y colocarse en modo víctima. Resulta que “la derecha” quiere matar periodistas para afectarlo.

¡Y podrían ser sus propias empresas! Radio Fórmula, Reforma, El Universal. Todos esos que no lo quieren. La malignidad total.

Ese es el tamaño de reflexión de nuestro mandatario, en uno de los momentos más oscuros de nuestro país y del mundo en general.

El 27 de noviembre organizó una marcha de respuesta a la realizada por ciudadanos el 13 de noviembre.

Junto con sus seguidores se mostró feliz por la respuesta de “el pueblo” y se enseñoreó por el músculo popular que decía tener.

Una semana más tarde, volvió a la cargada con su discurso contra los conservadores y medios de comunicación.

Su panegirista de cabecera, Epigmenio Ibarra, lamentó públicamente que tan sólo dos comentaristas, tengan más audiencia y seguidores que López Obrador.

Joaquín López Dóriga, con 8 millones y Carlos Loret, con 7 millones, doblan la audiencia del presidente de la República, que es de 9 millones, según dijo.

El primer mandatario no ha sido capaz de crear, en 4 años, un aparato de comunicación poderoso pese a que tiene todas las herramientas.

Lejos de eso, se empeñó en destruir Notimex, que pudo ser la agencia internacional del Estado difusora de todas sus actividades para lanzar al mundo su mensaje.

Sin embargo, decidió emprender una campaña de odio que lleva más de dos años, contra los trabajadores de dicha agencia.

Tampoco sus comunicadores principales como Jesús Ramírez, Jenaro Villamil, Álvaro Delgado, Alejandro Páez han logrado gran cosa.

El primero de ellos intentó, mucho antes de que iniciara el actual gobierno, crear un periódico que compitiera con Reforma o El Universal.

Regeneración quedó en triste pasquín que creció y murió en Tabasco, en medio de acusaciones de corrupción.

La empresa que lo imprimía, Benefak, estaba incluída en una lista negra de empresas “fantasma” investigada por el Sistema de Administración Tributaria (SAT).

El hecho es que todos los comunicadores de Andrés Manuel han contado con programas de televisión y radio para crear nuevas audiencias.

Ha tenido su equipo de “moneros” y caricaturistas de primer nivel, muy bien pagados, con 140 mil al mes, también para jalar adeptos en televisión e internet.

Nada han logrado. Sólo han emprendido una guerra de “influencers” en Twitter, Facebook o YouTube, en la que figuran personajes que no son periodistas.

Sujetos que logran miles de “vistas” o “visitas” por subir videos, de pronto se volvieron en los principales defensores de Andrés Manuel.

Es probable que, tan pronto se termine su mandato, éstos desaparezcan con toda su parafernalia de corbatines, moños y parches. Sin embargo, son los más leales.

Curiosamente, el gobierno de México tiene como cónsul a una persona (esa sí del gremio), ampliamente conocida por sus prácticas no muy honestas ni morales.

Por otra parte, algunos simpatizantes como Carmen Aristegui o Gibrán Ramírez, simplemente se fueron asqueados de lo que descubrieron en la 4ª Transformación.

De los intelectuales y hombres de izquierda se ha dado también una fuga silenciosa, que deja cada día más solo al huésped de Palacio.

Cuauhtémoc Cárdenas y Adolfo Gilly se distanciaron. Sólo le queda Lorenzo Meyer, historiador, cuyo hijo cobra como Secretario de Estado.

John Ackerman está enfrascado en un pleito feroz con Mario Delgado y es previsible que eso termine en una ruptura o en un duelo de suciedades.

Paradójicamente, los más cercanos al presidente son empresarios notables del Salinato como Ricardo Salinas Pliego y Carlos Slim, los de “La Mafia del Poder”.

El discurso se ha vuelto circular y retórico. Como un perro que busca su cola, vuelve una y otra vez a la expresión: “No somos como los de antes”.

¡MIREN PA EL OTRO LADO!

Pero a López Obrador le ha servido este tiempo y estos hechos, para diluir los escándalos mediáticos que se han generado.

Ha quedado perdida, por ejemplo, la noticia de una ex funcionaria de la Presidencia de la República que recibió casi 3 mil millones de pesos en contratos.

Claudia Elena Pérez García, quien fue subordinada del secretario particular de AMLO, Alejandro Esquer.

Ella estuvo menos de un año en Palacio y se encargaba de las licitaciones y adjudicaciones de contratos de la Presidencia. Once meses le bastaron.

Luego se fue como apoderada legal de la empresa B-Drive It, que tan sólo en un año obtuvo 55 contratos por 828 millones de pesos.

Dicha empresa está vinculada a otra, Engine Core, que obtuvo otras 4 asignaciones directas por mil 961 millones de pesos.

Otro escándalo que sigue abierto es el de Segalmex, donde un ex Salinista se convierte en el personaje más protegido del actual régimen: Ignacio Ovalle.

Además de los desvíos por más de 8 mil 600 millones de pesos en este sexenio, se descubrió recientemente el cobro de “moches” al estilo Delfina Gómez.

Se repitió la dosis y trascendió que funcionarios de Segalmex pedían un 3% de “moche” a las empresas proveedoras de Diconsa.

Ese, que tanto habla de “saqueos”, no ha dicho absolutamente nada sobre estos “moches”, que ascienden a 180 millones de pesos entre 2019 y 2020.

Aparentemente es legal el procedimiento de cobro del 3% de la compra facturada, para destinarlo al mejoramiento de tiendas rurales y adquisición de vehículos.

El problema es que los depósitos se hicieron a una empresa “fantasma”: Film & Marketing 18k SA de CV, usando una identificación robada de una accionista falsa.

En este asunto está involucrado René Gavira Segreste, quien actualmente está vinculado a proceso penal. Fue quien movió ese dinero como director de Finanzas.

Pero éste es sólo uno de los escándalos. En Segalmex también se simuló una compra de 25 mil toneladas de azúcar por 465 millones de pesos

El problema es que sólo fueron entregadas 7 mil 800. Para esto se usó otra empresa fantasma: Servicios Integrales Carregin. La “compra” se hizo en la pandemia.

Alejandro Murillo Landeros es el apoderado legal de dicha empresa y de Gainmate Comerdores Industriales y de Comercializadora Aservayan.

Además de la azúcar, dichas empresas proveían a Segalmex alcohol y gel, por aquello del Covid19.

Sea como sea, él ya colocó las piezas para torcer la ley durante los comicios de Coahuila y Estado de México, mediante una reforma electoral monstruosa.

Lo sorprendente es que, con todo y las trampas y los abusos, las puede perder. En fin. Feliz Navidad y los dejo en paz hasta el próximo domingo 8 de enero.

 

 

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